En el Dakar también hay imbéciles
JACINTO VIDARTE

No se trata de darles la razón a quienes piensan que la gente de este rally son una pandilla de gamberros motorizados, pero lo cierto es que, entre tanta gente, también hay un minoría de gamberros. Ayer, sin ir más lejos, uno de los motoristas españoles, Jordi Farell, fue arrollado por un coche (silenciaremos para siempre su maléfico dorsal) que pretendía adelantarle, y bien que lo logró. Jordi no sufrió mayores daños, pero pudo pasarle algo serio.

Por suerte no sucede muy a menudo, entre otras razones porque el rally y los que lo corren luchan contra tales personajes, pero no se puede ocultar la existencia de estos individuos. Bien es cierto que, en el lado opuesto, también están los agobiados que, por muy lentos que vayan, hacen lo imposible para evitar que le adelante nadie que venga más rápido, con lo cual obligan a jugarse la vida a sus rivales más a menudo de lo que debieran. Y, para terminar la relación de la fauna deplorable que habita los más profundos rincones del Dakar, están los que van a todo gas psen por donde pasen. La organización los caza sin piedad: instala radares de su propiedad a la entrada de los poblados y, el que pasa más rápido, es sancionado. Ayer multaron a Brucy y Deacon. Es el primer aviso. Si reinciden, les penalizarán con tiempo, que aún duele más.

Lo bueno de todo esto es comprobar que la gran mayoría del Dakar es de otra manera. Razón por la cual, y aunque algunos se empeñen en repetir lo contrario, la carrera es acogida calurosamente allí por donde pasa. No lo duden.
 


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Etapas
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Descanso
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Así funciona un "road book"