El Dakar acabó a puñetazos

JACINTO VIDARTE
Lo peor de este 'primer Dakar del tercer milenio', como le calificaron grandilocuentemente en la salida de París, es que ha roto para siempre con esa leyenda del espíritu deportivo que reinaba entre los que lo corrían. Y digo leyenda porque hace ya mucho tiempo que los motoristas, por ejemplo, despotrican contra los coches y la manera 'criminal' que algunos utilizan para adelantarles. De hecho, el compañerismo ya casi es patromonio exclusivo de los 'privados', especialmente motoristas, porque los profesionales van a cuchillo, a ganar por encima de todo.

Tal ha sido la guerra, porque casi no se le puede dar otro nombre, protagonizada entre los buggies y los Mitsubishi. Guerra, dicho sea de paso, favorecida por un colegio de comisarios que tradicionalmente viene al Dakar de vacaciones, y este año, en vez de cortar de raíz los primeros comportamientos poco deportivos, se inhibieron a la espera de que el asunto no fuera a mayores. Pero acabó sucediendo lo contrario, que los pilotos, animados por la circunstancia de que los jueces solían mirar para otro lado, iniciaron una espiral de irregularidades que ha acabado con Schlesser y Matsuoka como principales perjudicados. Schlesser, ayer, adujo que sólo había intentado aprovechar la letra del reglamento. No dijo, desde luego, nada de su espíritu.

Pero es que sus rivales, incluyendo a Kleinschmidt, tampoco lo han respetado en una carrera marcada por las tácticas de entorpecimiento al que va detrás y que no han sido sancionadas nunca. Se rumoreaba que a nadie le interesaba una tercera victoria de Schlesser, pero no ha sido por eso que le han sancionado. Aquí, sencillamente, ha pagado el pato el que más obviamente ha transgredido la ley, pero por el camino han quedado otros 'delitos' impunes.

Si la FIA no se esmera, vigila con más atención y cambia incluso algunos artículos de su normativa, el Dakar, antaño reino de caballeros, acabará por convertirse en un remedo de esas bandas que solían asaltarlo. Porque lo que es inadmisible es que el sábado, después del follón que se organizó durante la etapa, un mecánico de Mitsubishi, sin mediar palabra, le diera un puñetazo al copiloto de José María Serviá. Si así es como se tiene que ganar un Dakar, lo mejor es dedicarse a otra cosa.

 


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Así funciona un "road book"