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25.09.2006 - 11:59h.
OPINIÓN
Qué curioso es el fútbol. En cuatro minutos uno puede pasar del infierno a la gloria y viceversa. Eso es lo que le ocurrió, sin ir más lejos, a Javier Aguirre. Durante ochenta y cinco minutos le llovieron los palos en las tertulias improvisadas en las gradas del Calderón, en las radios, en las charlas informales de las redacciones… “Se gastan tantos millones y éste no sabe colocar a los jugadores”, “No sabe sacar provecho de ellos, le viene grande”, éstas y otras lindezas se llevó el mexicano. Entonces apareció Maxi y con dos andanadas tiró por tierra los reproches y los convirtió en elogios. Cómo somos los futboleros. Ni antes era un desastre (su currículum en Osasuna le avala) ni ahora es Dios. Hombre, si logra el milagro de vencer en el Bernabéu, subirá a los altares rojiblancos, pero ésa es otra historia.
Lo que está claro es que al ‘Vasco’ hay que dejarle tiempo y analizar su labor en un par de meses. El Atlético ha afrontado su habitual revolución de todas las temporadas y el azteca tiene que cambiar de un plumazo la tendencia atlética al desastre, y eso es muy complicado. En esa tarea ya han fracasado anteriormente otros técnicos con pedigrí, incluido un virrey argentino y todo. Por lo menos, los números, que no siempre son justos, le dan algo de credibilidad. Nueve de doce, a un puntito de los tres colíderes y una única derrota ante todo un aspirante a campeón. Algo de crédito se habrá ganado el hombre, ¿no?
Sin embargo, desde que ha llegado al Calderón se han cuestionado sus decisiones. Que si el doble pivote Luccin-Costinha no mueve bien al equipo. Que si Petrov tiene que ir al banquillo. Que si el ‘Kun’ Agüero debe ser titular siempre. Que yo sepa el entrenador es Aguirre, así que si no pone al argentino será por algo. No va a tirar piedras contra su propio tejado. Lo dicho, déjenle un par de meses y a ver qué pasa.