Cuando una pareja decide irse a vivir junta, uno de los aspectos que más tensiones puede generar es el reparto de los gastos, especialmente el alquiler. No siempre ambos miembros tienen la misma situación económica. Ahí es donde surgen los conflictos y las distintas formas de entender la convivencia.
Hay quienes consideran que lo justo es dividir todos los gastos al 50%, independientemente de las circunstancias. Sin embargo, también existe otra visión más flexible. Algunas parejas entienden que la convivencia no siempre debe medirse en términos estrictamente económicos, y que el equilibrio puede lograrse de otras maneras. En estos casos, si uno de los dos no puede contribuir con la misma cantidad de dinero, puede compensarlo asumiendo otras responsabilidades.
Si tienes una casa, ¿le cobrarías el alquiler a tu pareja?, comienza el vídeo. Y son variadas las opciones sobre el tema, aunque predomina el “sí”, hay otros que argumentan que “mientras pueda sostenerlo lo hará” o “porque en el fondo es una propiedad que está en tu patrimonio”. Alejandro Tomás, experto financiero, utilizó un vídeo de redes sociales para dar su opinión acerca de esta pregunta. “Yo creo que depende de la situación de cada uno”, explica, subrayando que lo importante es encontrar un equilibrio que funcione para ambos.
Alejandro Tomás, influencer financiero: “Si no estáis juntos en el futuro, seguirá con esa posibilidad de vivir ahí o vender la casa”
En su opinión, cuando uno de los miembros asume el coste de la vivienda, lo razonable es que el otro contribuya de otras formas. “Si tú aportas la parte de la casa podéis repartiros los gastos equitativamente, que ella compense ese ahorro pagando la comida u otros gastos”, apunta. No obstante, advierte de que no es necesario llevar las cuentas al céntimo, ya que la convivencia no debería basarse en una contabilidad estricta. “Tampoco hacerlo como algo exacto, ya que al final la idea en una pareja es ir a una”, añade.
El experto insiste en que la clave está en la compensación y en la idea de equipo: “Si uno aporta una parte, la otra persona compensa por la otra y listo”. Además, introduce un matiz importante relacionado con la propiedad de la vivienda. Recuerda que, si la casa pertenece a una sola persona, esa situación no cambia aunque exista convivencia: “La propiedad de la casa es de una de las dos partes de la pareja seguirá siendo de él siempre”.
Por ello, advierte de que, en caso de ruptura, quien es propietario mantiene una ventaja clara: “si no estáis juntos en el futuro, seguirá con esa posibilidad de vivir ahí o vender la casa”. En definitiva, más allá de las cifras, el experto recomienda priorizar acuerdos justos, flexibles y adaptados a la realidad de cada pareja.


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