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La carrera de Suzuka del Gran Premio de Japón de F1 era muy importante para Honda. Después de un inicio desastroso de la temporada 2026 y el aluvión de críticas recibidas, algunas incluso por parte de Adrian Newey, de Aston Martin, su socio en esta vuelta al Gran Circo, los nipones querían demostrar que están encauzando la situación.
Para los japoneses la cita de casa es especial porque están presentes, o la ven, los mandamases de sus marcas, los ejecutivos que deciden los presupuestos. Pero, por encima de todo, hasta de la economía, está el honor.
Y el orgullo de Honda está tocado. Por eso hay ánimo de reconstrucción. El primer paso era concluir la prueba, como certificaba Koji Watanabe, el presidente de Honda Racing, el departamento de carreras de la firma del ala dorada.
Alivio en Honda
El directivo no ocultó su satisfacción al ver cómo Fernando Alonso pasaba bajo la bandera a cuadros en una pista que es propiedad de Honda. "Nunca había deseado tanto terminar una carrera. Me he quedado aliviado, la verdad", manifestó a Motorsport Japón.
Unión en la reunión
Watanabe, además, desveló lo que se dijo en el seno de la escuadra de Silverstone antes de arrancar. "En la reunión del equipo antes de la carrera, el propio Krack (Mike Krack, director de operaciones de Aston Martin) nos dijo que hoy debíamos esforzarnos por terminar la carrera. Así se definió la dirección del equipo, y en la parrilla, Orihara (Shintaro Orihara, jefe de ingeniería de Honda F1) también me dijo que darían todo para terminar la carrera", confesó.
Alonso, hablando en japonés
Sin embargo, lo más sorprendente llegó con la revelación de Watanabe sobre su encuentro con el bicampeón español junto al monoplaza. "Alonso también se acercó a mí en la parrilla y me dijo en japonés: '¡Ganbatte!'… Bueno, como él no sabe bien japonés, seguramente quería decir '¡Ganbaru yo!'", soltó.
Ganbaru significa esforzarse al máximo en japonés y eso es lo que quiso entender el mandatario del asturiano que, desde luego, lo hizo para resistir las vibraciones y finalizar.
En parrilla también se vio a Lawrence Stroll, dueño de Aston Martin, y Watanabe darse un apretón de manos. Muchos lo interpretaron como el gesto de paz definitivo para enterrar desencuentros, aunque Krack ya lo había relativizado.


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