
- CARLOS ESPINOSA
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El Algarve nos recibió con nubes densas y un viento Atlántico que parecía empeñado en recordarnos que el invierno aún respiraba en el sur de Portugal (era 4 de marzo, pero teníamos 'prohibido' hablar de cómo va el coche hasta hoy). Aun así, la lluvia nos dio por suerte una tregua, así que el asfalto seco se convirtió en el mejor aliado para una primera toma de contacto 'seria' con el nuevo GLC SUV eléctrico. Un entorno variado, con autovías, carreteras secundarias y una exigente zona de montaña, en la que no faltaban ni siquiera zonas de piedra suelta, dibujó así el escenario en el que intentamos entender hasta qué punto Mercedes ha hecho un buen trabajo con este modelo que se pone a la venta en mayo.
2,6 millones de unidades
El GLC es, desde hace años, una de las piezas clave en el catálogo de Mercedes. En todo el mundo se han vendido más de 2,6 millones de unidades desde que llegara al mercado en 2015, así que podemos calificarlo como uno de los SUV premium más exitosos del planeta. Ese peso comercial explica por qué la llegada de su versión 100% eléctrica no es solo otro modelo de nueva generación, sino un cambio de enfoque en el que la marca de la estrella se la juega.

Para no arriesgar demasiado, y aunque haya dicho adiós a la gasolina, por fuera se reconoce a simple vista como un GLC, aunque su aspecto sea nuevo por completo. De un rápido vistazo se aprecia que ha crecido respecto a su antecesor, llegando a rondar una longitud de 4,75 metros, con una anchura cercana a 1,94 metros, una altura de 1,64 metros y una enorme distancia entre ejes de 2,88 metros. Ese aumento, sobre todo en este último apartado, tiene consecuencias directas en la habitabilidad que te comentaremos más adelante, pero también le ha hecho ganar en presencia sobre el asfalto. De hecho, se percibe más asentado, más largo, con una silueta que parece robusta pero en la que se adivina que ha tenido bastante peso un enfoque aerodinámico que se queda en 0,26.
Con la estrella iluminada
Lo más distintivo, como nos explicó Robert Lesnik, diseñador de su carrocería, es la nueva parrilla frontal iluminada. Se integra en un panel negro brillante y puede configurarse con distintos patrones luminosos, según el acabado. En su centro, la estrella iluminada es la absoluta protagonista, para que reconozcamos el coche incluso a bastante distancia. Y el hecho de que esta parrilla sea iluminada, según nos confirmó horas más tarde mientras cenaba a nuestro lado, no ha comprometido en exceso su resistencia a los golpes, ya que conserva cierta flexibilidad.

El conjunto exterior se completa con llantas de hasta 21 pulgadas en las que también se adivina un intenso trabajo aerodinámico. Los tiradores enrasados en la carrocería refuerzan esa búsqueda de eficiencia y limpieza visual, y en la zaga encontramos una franja horizontal oscura que integra las ópticas traseras, da la sensación de que el coche es más ancho y le da un aire más tecnológico.
99,2 cm de anchura de pantalla
Si el exterior anticipa modernidad, el interior confirma este salto. Al abrir la puerta, que por cierto se abre y se cierra con una sensación de solidez poco habitual, la vista se te va de forma inevitable a la enorme pantalla digital de 99,3 cm de ancho (sí, no hemos puesto un número de más). En realidad se trata de un conjunto dividido en tres áreas bien diferenciadas. Frente al conductor aparece el cuadro de instrumentos digital, por supuesto muy configurable. En el centro hay una pantalla destinada al sistema multimedia, y ante el acompañante encontramos una tercera superficie que permite interactuar con contenidos propios (por ejemplo, podemos tomar una grabación de vídeo del habitáculo o hacer un 'selfie' gracias a la cámara que esta enorme triple pantalla incorpora en su parte superior, justo en el centro. Además, en cualquiera de las tres podemos visualizar la navegación, aunque no podemos hacer que solo se muestre un mapa ocupando a la vez las tres pantallas (es decir, a lo ancho de todo el salpicadero).

Pese al despliegue tecnológico que de primeras se adivina, la marca ha mantenido mandos físicos para funciones esenciales, como el volumen del audio o la selección de modos de conducción. Porque el diseño minimalista es bonito pero un coche está para ser conducido, no para ser contemplado. Y ese equilibrio facilita la vida a bordo y evita que en marcha tengamos que atinar justo sobre un icono mientras conducimos.
Comodidad soberbia
Los asientos delanteros nos ofrecen una comodidad soberbia en la banqueta y el respaldo, con múltiples reglajes eléctricos y un apoyo lumbar eficaz. Los ajustes entre piezas son magníficos, y los materiales, de gran calidad. Incluso la zona inferior del salpicadero cuenta con un ligero acolchamiento, si bien algunas partes, como en ciertos componentes de las puertas o en las levas tras el volante, se ha empleado plástico con aspecto de aluminio, en lugar del aluminio auténtico que nos gustaría.

Pero si delante impresiona por su tecnología, detrás lo hace por el espacio. Y más en concreto por la habitabilidad que nos otorga en la zona de las piernas. Habría que tener la estatura de un pivot de baloncesto para que el espacio para las rodillas se nos quedara justo, con la ventaja de que también es fácil acomodar los pies gracias a la ausencia de túnel de transmisión. En altura hasta el techo, sin embargo, pasa de sobresaliente a notable, ya que la incorporación de la batería ha hecho que esta segunda fila esté posicionada un poquito elevada. Quizá por ello, y para ganar algún centímetro extra evitando los guarnecidos, el techo panorámico con oscurecimiento electrocromático es de serie, lo que de paso aumenta la luminosidad del habitáculo.
570 litros de maletero
En cuanto al maletero trasero, ofrece 570 litros, una cifra notable dentro del segmento. A ello se suma un práctico compartimento bajo el capó delantero, con 100 litros adicionales, ideal para guardar cables de carga o incluso alguna maleta pequeña, más una o incluso dos mochilas.

En el apartado técnico, este GLC eléctrico se asienta sobre una arquitectura específica para modelos de batería. Es decir, no es una adaptación, y además cuenta con un sistema de 800 voltios que permite cargas de alta potencia. La versión que hemos podido conducir es la GLC 400, la primera que va a llegar al mercado, desarrolla una potencia de 435 CV (320 kW) y un enorme par motor de 800 Nm gracias a sus dos motores, uno en cada eje, lo que también significa que cuenta con tracción total. La aceleración de 0 a 100 se sitúa en 4,8 segundos, la velocidad máxima está limitada de forma electrónica en 210 km/h y la capacidad de remolque es de nada menos que 2,4 toneladas.
94 kWh útiles de batería
La batería, de iones de litio, cuenta con una capacidad útil de 94 kWh, lo que se traduce en una autonomía homologada de más de 600 km gracias a un consumo medio oficial de 18,9 kWh/100 km. En cuanto a tiempos de recarga, y si tenemos la suerte de tener 'a mano' un cargador de 400 kW, necesitamos unos 10 minutos para recuperar la energía para hacer 303 km. Además, permite utilizar esa energía acumulada para el hogar (V2H) o para devolverla a la red eléctrica (V2G).

Durante nuestra prueba de 2 horas y 35 minutos, con 180 km de recorrido y la mencionada combinación de autopista, carreteras secundarias y un tramo de montaña, es cuando pudimos comprobar que este GLC es mucho más que un SUV grande con una parrilla deslumbrante y un conjunto de pantallas interiores espectacular. El chasis mostró un equilibrio interesante entre agilidad y aplomo.
Dirección trasera de serie
Por un lado fuimos a ritmos en ocasiones algo enérgicos y el consumo medio se nos quedó en 22,3 kWh/100 km, lo que habla bastante bien de la aerodinámica. Por otro lado, el coche mantiene íntegra la personalidad dinámica de un Mercedes, pese a su salto a la filosofía eléctrica, con una suspensión Air Matic que se traga los baches con una comodidad asombrosa. Como en todo eléctrico, la ubicación de la pesada batería debajo del piso le da un punto de aplomo, que en este caso remata una dirección en el eje trasero que se ofrece de serie, y que puede girar las ruedas posteriores hasta 4,5 grados. Es decir, que los balanceos nunca llegan a ser molestos y al volante tienes la sensación de conducir un coche más bajo y con una distancia entre ejes más corta.

Además, las sensaciones se pueden matizar según elijamos entre los programas Eco, Comfort y Sport, que influyen en respuesta del motor, dureza de la suspensión, firmeza de la dirección, funcionamiento del ESP y potencia del climatizador. Lo que nos ha llamado en este sentido la atención es que, incluso en el modo Sport, la suspensión mantiene siempre una comodidad muy alta, por lo que no deja de ser adecuado incluso si tenemos ante nosotros un largo viaje y nuestros acompañantes quieren aprovechar para echar una pequeña siesta.
Tres grados de recuperación
En cuanto a la frenada, nos parece muy interesante que el sistema de recuperación llegue a alcanzar los 300 kW, lo que hace que su conducción a ritmos enérgicos por carreteras de montaña sea un poco más eficiente. Para modificar esta frenada regenerativa, y más allá de un pedal de freno con el que podemos modular con facilidad la frenada, contamos con las mencionadas levas, que nos ofrecen tres grados de recuperación, el mas intenso de ellos para que prácticamente no tengamos que pisar el freno en ninguna situación.

Si hoy día la lista de ADAS que incorpora cualquier coche es larga, todavía lo es más en un SUV premium como este GLC, que hace de la tecnología una de sus 'banderas'. Así que mencionaremos solo elementos como el control de crucero adaptativo avanzado, el asistente de mantenimiento de carril, la función Stop&Go en atascos y la conducción semiautónoma que ofrece gracias a una generosa dotación de sensores y cámaras.
El precio final del GLC arranca en 77.125 euros. Es superior al precio de partida del GLC híbrido debido a su mayor tamaño y a su más abundante tecnología (bomba de calor multieficiente incorporada, Sistema Operativo Mercedes-Benz (MB. OS) con IA para una mejor interacción con el usuario...). Y además, debemos tener en cuenta que la naturaleza 100% eléctrica sigue estando lejos de ser 'para todos los bolsillos'.
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