Durante décadas, la capacidad de los gatos para caer de pie ha sido uno de los fenómenos más comentados, y menos entendidos, de la biología animal. Ahora, un equipo de investigadores de la Yamaguchi University ha dado con una explicación concreta: todo depende de cómo funciona su columna vertebral.
El estudio, publicado en la revista The Anatomical Record, analiza el llamado “reflejo de enderezamiento”, un movimiento que permite a los gatos girar en el aire sin apoyarse en nada, algo que a simple vista parece contradecir las leyes de la física.
El giro de los gatos en dos partes que lo cambia todo
Para entender este movimiento, los investigadores analizaron la columna de varios gatos y grabaron a otros cayendo sobre superficies blandas con cámaras de alta velocidad. El resultado: el cuerpo no gira como un bloque, sino en dos fases muy diferenciadas.
Primero rota la parte delantera del cuerpo, cabeza y patas delanteras, mientras la trasera se mantiene estable. Después, el movimiento continúa con la parte posterior, completando el giro justo antes del impacto.
Este proceso es posible porque la columna de los gatos no se comporta igual en todas sus partes.
La clave está en la flexibilidad
La zona torácica (la parte superior y media de la espalda) es extremadamente flexible, con capacidad de giro de hasta unos 50 grados con muy poca resistencia. En cambio, la zona lumbar (la parte baja) es mucho más rígida y actúa como punto de apoyo.
Esa combinación permite que el gato gire una mitad del cuerpo sin perder el control del resto. Según los autores, “la rotación ocurre de forma secuencial: primero el tronco anterior y después el posterior”.
Más allá de explicar un comportamiento conocido, los investigadores apuntan a posibles aplicaciones en modelos de movimiento, medicina veterinaria e incluso en el desarrollo de robots más ágiles.
El resultado: lo que parecía un truco imposible es, en realidad, un mecanismo biomecánico extremadamente preciso.


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