OTROS-DEPORTES
Polideportivo

El deporte reescribe sus límites

El récord de 50 libre en natación, la cercanía del fin de la histórica plusmarca de Kratochvilova en 800 metros en atletismo y las exhibiciones de Pogacar dibujan una evolución especialmente en los entrenamientos. ¿O una revolución?

Tadej Pogacar (27), ganando en la Milán-San Remo
Tadej Pogacar (27), ganando en la Milán-San Remo
Actualizado

En una misma semana han caído récords antiquísimos y Tadej Pogacar ha vuelto a exhibirse en el ciclismo, la última en San Remo. La coincidencia ha reabierto un debate que recorre todos los deportes de rendimiento: ¿estamos ante una revolución sin precedentes o ante la culminación lógica de décadas de trabajo? La mayoría de los expertos consultados se inclina por la segunda opción. "Más bien es una evolución", clama el porcentaje alto. Esa tensión entre las dos palabras es el hilo que recorre este reportaje.

El detonante inmediato son dos noticias encadenadas. En natación, Cameron McEvoy ha pulverizado el récord mundial de 50 metros libre con 20.88 segundos. En atletismo, la británica Keely Hodgkinson ha abierto la puerta para que caiga este verano la plusmarca más singular del fondo, el 1:53.28 de los 800 metros femeninos que Jarmila Kratochvílová lleva defendiendo desde 1983, después de correr la inglesa una posta del 4x400 metros en 50.10 apenas una hora después de ganar la prueba de 800 metros en los Mundiales de Torun.

El caso de McEvoy es el más radical. Ha rebajado espectacularmente el volumen de kilómetros semanales de nado: de 30 e incluso 60 en algunos ciclos olímpicos para pruebas de menos de 45 segundos ha pasado a apenas dos kilómetros. A cambio, su equipo, en colaboración estrecha con él —es estudiante de física y matemáticas— ha introducido el ciclismo, la carrera a pie y el gimnasio. Se inspiró en la escalada, en el atletismo y en los levantadores de pesas. Ha llegado a almacenar, dice, 2.000 datos distintos. "El mayor cambio de enfoque que hice fue pasar a considerar los 50 metros estilo libre como una habilidad basada en la fuerza", explicaba a la web de los Juegos Olímpicos. "Ese cambio me permitió apoyarme y tomar mucho del mundo de la fuerza, del atletismo, así como de cómo los atletas entrenan para los 100 y los 200 metros, particularmente en éstos, porque son pruebas de tiempo similar".

Cameron McEvoy, plusmarquista mundial de 50 libre
Cameron McEvoy, plusmarquista mundial de 50 libre

"En el mundo del levantamiento de pesas… si tu deporte consistiera en hacer 10 dominadas con 40 kilos lo más rápido posible, ¿cómo entrenarías para eso? Así que contacté con mucha gente que tenía récords Guinness de dominadas con peso y con personas que participaban en competiciones de levantamiento callejero de dominadas y fondos... Aprendí mucho de eso y luego lo adapté a cómo entrenar para 50 metros libre".

Ante este tipo de mensajes, Javier Argüelles, biomecánico del CSD y entrenador en la actualidad de la doble medallista olímpica en esquí de montaña Ana Alonso, pide cautela. "Cuidado con los mensajes de que no hace falta nadar tanto. No hace falta nadar tanto después de haber nadado mucho a lo mejor. Y, por supuesto, hay que contar con todo el trabajo técnico detrás, de análisis de competición, de trabajar de manera específica las fases acíclicas, la salida, los virajes, la llegada...". Además, recuerda que este enfoque no es completamente nuevo en España: Fred Vergnoux ya empleaba con Mireia Belmonte el trabajo en seco hace una década. "Nosotros con Mireia hicimos un trabajo intensivo a saco hace ya 15 años con ese tema. Que entre otras cosas le permitió, con un bloque súper intenso del nado subacuático, nado resistido con un sistema de poleas y tal, convertirse en la primera mujer en bajar de los dos minutos en el 200 mariposa en Doha. Dos años después fue campeona olímpica en Río".

Hodgkinson, 23 años, también introdujo pesas y ciclismo, pero desde una necesidad diferente: la fuerza llegó como medicina antes que como herramienta de rendimiento. Con un fisioterapeuta y una fisióloga a tiempo completo, consiguió que los dolores lumbares que se traducían en problemas en los isquiotibiales desapareciesen. Ha ganado seis kilos de masa muscular respecto a los Juegos de París. Con la bici, pese a las caídas, el matrimonio que la prepara —Trevor Painter y Jenny Meadows— busca también un entrenamiento casi de evasión que a veces se prolonga 90 minutos. Los efectos han sido inmediatos: en febrero batió por casi un segundo el récord del mundo de 800 en pista corta, con 1:54.87.

Keely Hodgkinson, en los Mundiales de Torun
Keely Hodgkinson, en los Mundiales de Torun

¿Qué hay entonces de verdaderamente nuevo? Para Argüelles, la clave no está en ningún método concreto sino en la reducción de errores. "Lo que hay ahora son menos errores. Antes la gente se pasaba más de rosca y había más excesos. Ahora hay más conciencia del cuidado, de la recuperación. Hay más capacidad para medir y para controlar. Hay una mayor conciencia de esto, que al final eso te permite tener más continuidad, más consistencia en el trabajo". Y añade algo que considera revolucionario en otro sentido: la polinización cruzada entre disciplinas. "Toda esa gente, grupos técnicos, entrenadores, que son capaces de echarle un poco de humildad a lo que venían haciendo toda la vida, abrir los ojos, coger cosas buenas de otros deportes, pues también está revolucionando mucho. Los británicos reclutaron desde Australia a Dave Brailsford, que venía del alto rendimiento, de entre otros deportes la natación, y metió a los corredores de pista en el Tour".

En el CAR de Sierra Nevada, donde trabaja Argüelles, ese intercambio es parte del día a día. "Uno de los puntos fortísimos del CAR es que en nuestro día a día hablamos con los entrenadores e intentamos abrirles la mente para aportarles cosas que funcionan en otros deportes o en otras escuelas, gente de otros países. Ahí se está evolucionando muchísimo con la globalización. No hay revoluciones. Hay menos errores y esto da más consistencia, más continuidad al trabajo y eso permite aprovechar más el talento". Lo vivió de cerca con Ana Alonso: "Pongo como ejemplo el trabajo con Ana. Con cuatro gatos en el sur de Europa, sin tradición, mezclar métodos de trabajo de otros deportes nos ha servido. Dos semanas antes de ir a Bormio, después de los meses chungos que pasamos de rehabilitación, nos pilló el tren de borrascas y no podíamos entrenar en nieve. Lo libramos gracias a la tecnología también, a poder entrenar en tapices rodantes con esquí y a llevar cinco años entrenando y sabiendo cómo teníamos que hacer".

La tecnología como herramienta de individualización, no como varita mágica, es otro de los consensos. "El mayor avance es que gracias a toda la tecnología y al uso diario podemos conocer mejor a los chicos, el perfil fisiológico de cada uno y qué metodología adaptar. Antes se hacía una vez al año en un laboratorio. Ahora lo tenemos integrado en el día a día del entrenamiento, lo que nos permite tomar muchas mejores decisiones in situ como cuándo parar, cuándo subir y cuándo apretar, sin riesgo de liarla". Tendencia tras la pandemia es también el entrenamiento en calor, recrear las condiciones extremas que puede encontrar un deportista. Xavier Muriel, biomecánico y entrenador del Movistar Team, matiza sobre algunas modas: "No es que la restricción de flujo sea marketing. Para recuperación de lesiones y temáticas en esa línea funciona muy bien. Pero, para el puro rendimiento, todavía no hay evidencia".

Conviene recordar, además, que las grandes cargas de entrenamiento no son ninguna novedad. El checo Emil Zatopek, la locomotora humana, ganador de cuatro oros olímpicos —tres de ellos en Helsinki 1952 en 5.000, 10.000 y maratón— se entrenaba 40 kilómetros diarios y a veces hacía hasta 100 series de 400 metros. Fue el preludio de los entrenamientos de manual. Hoy, al calor de los seis oros olímpicos de Johannes Klaebo en Milán-Cortina, ha vuelto a los titulares el método noruego. El hexacampeón, dicen, trabaja 350 horas entre gimnasio y el esquí con patines entre julio y agosto antes de pasar a la nieve. "Es el que más se habla ahora", dice Argüelles. "Es en el que se ha apoyado Ingebrigtsen, los esquiadores de fondo, Blummenfelt —el mejor triatleta de los últimos tiempos— y ese método se basa en altos volúmenes y un control muy riguroso para no pasarse, para poder seguir haciendo altos volúmenes semanales en el entrenamiento de umbral, por debajo del segundo umbral anaeróbico". En el fondo, un refinamiento de lo que Zatopek hacía por intuición.

Artboard 1-100

En el ciclismo, el debate adquiere otra dimensión con Pogacar como protagonista. Un ciclista acostumbrado a los pulsómetros desde que tenía 12 años, sin espacio para las sensaciones, todo medido. Desde diciembre los entrenamientos son de una exigencia notable, de más de seis horas, a potencias cercanas a 350 vatios. Estar en forma diez meses, al fin y al cabo. Su preparador físico Javier Sola responde con modestia: "No creo que en el deporte en general esté habiendo una revolución". Sin embargo, Yeyo Corral, del Lidl-Trek en el que corre Juan Ayuso, sostiene lo contrario: "Pues yo creo que sí. Tanto del entrenamiento como de las ciencias aplicadas al deporte. Hemos pasado de un ciclismo basado en el volumen, a uno más meticuloso donde prioriza los entrenamientos más sintéticos, de más calidad, mayor tiempo de asimilación... Ahora sabemos más de las diferentes metodologías del entrenamiento en altura, protocolos a elegir, control de carga... También la ciencia aplicada a la mecánica en el ciclista y la ingeniería respecto a los materiales están siendo decisivas".

Es precisamente en el ciclismo donde existe una tendencia clara que se ha abierto paso. Y lo ha hecho entre rodillos, habitaciones cerradas y capas de ropa: el entrenamiento en calor. Lo que antes era casi un recurso puntual para preparar competiciones en climas extremos, hoy se ha convertido en una alternativa o complemento real a las clásicas concentraciones en altitud. Los estudios más recientes, como el publicado en The Journal of Physiology, apuntan en esa dirección: cinco semanas de entrenamiento en calor pueden generar un aumento robusto de la masa de hemoglobina, incluso más consistente que el logrado en altura, aunque con mejoras de rendimiento más discretas . La clave está en provocar ese “estrés térmico” que simula ciertas respuestas fisiológicas de la hipoxia. En el pelotón ya no es raro ver a corredores buscando ese efecto en casa, como admite Mikel Landa: “Lo he probado poniéndome abrigo en casa con el rodillo, pero lo cierto es que me cuesta acostumbrarme”.

Detrás de esa moda hay método. Carlos Barredo, preparador físico del Polti, lo explica con precisión a este medio: “Se busca provocar respuestas fisiológicas similares a la altitud mediante un estrés térmico controlado que genere adaptaciones hematológicas”. La ejecución no tiene misterio, pero sí rigor: sesiones de 45-60 minutos en espacios poco ventilados, con temperaturas que obliguen al cuerpo a estabilizarse entre 38,5 y 39,5 grados. No se trata de vatios, sino de temperatura. “Si sube demasiado, bajas la intensidad; lo importante es mantenerse en ese rango”, detalla. Según ese enfoque —respaldado también por protocolos como el decálogo de aclimatación al calor —, incluso tres o cuatro sesiones semanales tras una concentración en altura pueden prolongar los beneficios hematológicos. El calor ha dejado de ser un enemigo para convertirse en otra herramienta de precisión.

Revolución o evolución. El debate seguirá abierto mientras los récords sigan cayendo. Pero quizá la respuesta más honesta la tiene Argüelles: "No hay revoluciones. Hay menos errores". Y en el deporte de élite, donde los márgenes son milésimas, eso a veces es suficiente para reescribir la historia.

Otros deportes De Jordan a Littler: así funciona el nuevo blindaje de la imagen en la era de los deepfakes
Otros deportes Hipnosedantes: uso, riesgos y alternativas para un manejo responsable
Otros deportes El hijo ilegítimo de Schwarzenegger se corona campeón en su debut en el culturismo

Comentarios

Danos tu opinión