- MARCUS COOPER*
El consumo de hipnosedantes en España ha crecido un 4,7 % anual entre 2005 y 2022, triplicándose en ese período.En 2022, el 9,7 % de la población de 15 a 64 años utilizó estos fármacos. Las mujeres entre 55 y 64 años presentan un consumo del 21,4 %, un 65 % más que los hombres.
Existen diferencias significativas según comunidad autónoma: Galicia (14,1 %), Canarias (13,6 %) y Andalucía (12,5 %) registran tasas más altas que Madrid (5,2 %). Además, entre adolescentes (14–18 años), 1 de cada 5 ha consumido hipnosedantes alguna vez, y uno de cada 8 en el último año.
Los hipnosedantes incluyen fármacos como benzodiacepinas (lorazepam, bromazepam) y no benzodiacepinas (zolpidem), usados para tratar insomnio y ansiedad, con efectos sedantes, hipnóticos o relajantes. Dependencia, tolerancia y síndrome de abstinencia: pueden aparecer en pocas semanas, e incluyen insomnio, ansiedad, temblores e incluso convulsiones.
Déficits cognitivos y deterioro en mayores: trastornos de memoria, atención, funciones ejecutivas; en ancianos, incremento de demencia reversible y mayor riesgo de caídas. También efectos adversos responsivos como mareos, visión borrosa, malestar gastrointestinal, sedación, riesgo de caídas. Se ha detectado u mayor mortalidad en menores de 65 años, especialmente si se combinan con opioides.
Existe una eficacia cuestionable a largo plazo pues no mejoran notablemente el sueño crónico y pueden empeorar el ciclo natural del sueño. Su facilidad de prescripción, junto con la percepción de inocuidad por ser legales, favorece el abuso y automedicación, especialmente en jóvenes. También destacan diferencias de género y falta de campañas de prevención específicas.
Como alternativa, la terapia cognitivo-conductual (TCC) para el insomnio es más eficaz a largo plazo, con mejoras sostenidas y reducción del uso de fármacos en hasta el 33 % de casos. Otros abordajes incluyen higiene del sueño, manejo del estrés y psicoterapia, menos invasivos y sin los efectos adversos de los hipnosedantes.
Los hipnosedantes son útiles a corto plazo para insomnio o ansiedad, pero su consumo prolongado conlleva riesgos graves: adicción, deterioro cognitivo, aumento de mortalidad y dependencia. Su uso —especialmente en mujeres, mayores o jóvenes— debe limitarse al mínimo indispensable y siempre acompañado por alternativas como la psicoterapia. Es crucial fomentar una prescripción responsable, supervisada y enfocada en tratar causas subyacentes, no sólo síntomas.
*Marcus Cooper lidera el Plan Cooper y es multimedallista olímpico español en piragüismo
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