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Esquí

El oro 'mais lindo': Lucas Pinheiro mete a Brasil en la historia de los Juegos de Invierno

Gana el gigante para dar la primera medalla invernal a Brasil y a Sudamérica

Pinheiro, con su oro y la bandera de Brasil.
Pinheiro, con su oro y la bandera de Brasil.EFE
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Eran los Juegos de Marco Odermatt. Porque su dominio en la Copa del Mundo ha sido imponente en el ciclo que ha ido de Pekín a Cortina. Sin embargo, de las pruebas de velocidad, descenso y supergigante, el suizo salió con una cuarta plaza, una plata y un bronce. Pero necesitaba el oro.

Dominadora de todo lo que se ha corrido en estos Juegos en el campo masculino, y con los tres oros por bandera, Suiza buscaba en el gigante el cuarto título olímpico. Tenía por delante dos balas, gigante y descenso, para lograr algo único, se hable de hombres o mujeres: cuatro oros en una edición de los Juegos. Y el pleno, que sería un cinco de cinco, sólo tiene los precedentes Francia (1968) y Austria (1956): tres de tres en hombres.

Marco Odermatt, durante su primera bajada.
Marco Odermatt, durante su primera bajada.GUILLAUME HORCAJUELO

El ataque helvético a la cuarta medalla de oro tenía a un enrabietado Marco Odermatt a la cabeza. De su amplio dominio, es en gigante donde más exhibe sus poderes. Campeón del mundo en vigor, defensor del título olímpico y ganador de veinte de los treinta gigantes celebrados desde Pekín, al favoritismo de Marco se le plantaba la presión de buscar el oro en estos Juegos en su última oportunidad.

Con ese foco en Suiza y Odermatt, la mañana en la Stelvio de Bormio se abría con otra referencia para la historia. Porque le tocó abrir a Lucas Pinheiro, el brasileño de Oslo, en el asalto a un metal de un país sudamericano en la historia de los Juegos. Y su bajada marcó una referencia imponente.

Pinheiro mandó a 1,93 al noruego Kristoffersen, a más de dos segundos a Haugan, a 2,74 al austriaco Schwarz... Y bajó Odermatt. Atrapado en sus dudas, solo en la parte final logró el suizo evitar una sangría mayor y se quedó a 0,95 del brasileño. Lucas había puesto un precio carísimo al oro. Su bajada era para analizar, porque el destrozo a los favoritos no era normal. Lucas dejaba la carrera para la segunda manga en sus manos. La puerta de la historia estaba abierta para Brasil.

Aspecto del estadio de Bormio.
Aspecto del estadio de Bormio.ANNA SZILAGYI

Con un segundo sector en el que Pinheiro abrió un mundo con el resto, las diferencias fueron enormes. Por un lado, del brasileño con el resto. Después, de Odermatt con quienes podían pelear por las medallas. Tercero era Meillard (a 1,57), cuarto Tumler (1,89)... y así hasta dibujar un panorama tremendo después de la primera bajada. Un escenario totalmente inesperado para la resolución.

Nada que ver con Pekín

Hace cuatro años, en Pekín, la primera manga del Gigante la dominó Marco Odermatt. Lo hizo con solo dos centésimas sobre Stefan Brennsteiner. En menos de un segundo acabaron nueve esquiadores, el último de ellos, a 0,97, el suizo Caviezel. Para encontrar algo parecido a lo de hoy hay que irse a 2014, en Sochi, cuando el estadounidense Ted Ligety dejó al checo Ondrej Bank a 0,93 para, en la segunda manga, regular y ganar el oro sin sufrir, con una bajada final calculadora en mano..

"Lo que tengo que hacer es mantenerme concentrado antes de la segunda manga, ver qué puedo mejorar", explicaba a Eurosport Lucas Pinheiro en la pausa. Quedaba claro que el aspecto mental pasaba a primer plano, porque con esa distancia todo lo que no fuese oro, por histórico que fuese, parecía una decepción.

Con una nevada copiosa se puso en marcha la segunda manga. La visibilidad era menor que en la primera. Con casi cinco segundos de desventaja (4,85), el finlandés Jesper Pohjolainen puso en marcha la lucha por los metales. Pero para entrar de verdad en materia había que esperar. Y bastante.

Joan Verdú, en plena bajada del gigante olímpico.
Joan Verdú, en plena bajada del gigante olímpico.ANNA SZILAGYI

En ese camino, el andorrano Joan Verdú se puso al mando de la prueba con una bajada mucho más sólida que la primera. Era solo una referencia temporal de liderato, pero Joan disfrutó de verse sentado en el sillón de líder un poquito. Porque en la siguiente bajada, el austriaco Schwarz le mejoró en una centésima.

Al corte de los diez mejores, donde debían estar las medallas, se entró con Schwarz a los mandos. La bandera austriaca mandó hasta que bajó el octavo mejor tiempo, Atle Lie McGrath. En el sector final se comió el noruego el tiempo del austriaco. Ahora sí que estaba lanzada la batalla total, la de los esquiadores a los que sólo valía tocar metal.

No pudo Kristoffersen con McGrath, lo que dejaba al gran noruego casi sin opciones de su tercera medalla olímpica. El potente ataque del francés Leo Anguenot tampoco le dio. A McGrath se le dibujaba una sonrisa. Pero le quedaban cuatro. El primero, Tumler, que borró la sonrisa a los noruegos. Era líder.

La siguiente bala suiza era Meillard, que también se puso primero. Ya tenía medalla asegurada. Le tocaba a Odermatt. El ataque al oro fue salvaje. Mejoró en cada sector a Meillard (-0,59) y cargaba toda la presión a Pinheiro.

Con 95 centésimas de ventaja, Lucas supo leer la bajada, entender que todo estaba en su mano y en no equivocarse. No lo hizo. ¡La historia estaba hecha! Lucas Pinheiro es gloria de Brasil. El abrazo con sus padres, cargado de emociones, era el preludio de un fiestón. A su lado, en el podio, dos suizos: Odermatt y Meillard.

Quién es Lucas Pinheiro

Lucas Braathem Pinheiro nació en Oslo el 19 de abril de 2000. Su padre es noruego y su madre, Alessandra Pinheiro de Castro, paulista de Sao Paulo. Cuando tenía sólo tres años, sus padres se separaron. El niño se fue con su madre a Brasil, pero pronto su padre logró la custodia. Regresó a Oslo, aunque Brasil seguiría formando parte de su crecimiento.

Desde que tenía 11 años, viajaba una vez al año para estar con su madre. La influencia de la cultura sudamericana dejó una profunda huella en el joven. Gran parte de su carácter —festivo, jovial, musical…, nada que ver con el frío Kristoffersen— está ligado a esas estancias en Brasil. Pero su día a día estaba lejos del sol, de la playa y del fútbol.

Porque el sueño de Lucas era ser como Ronaldinho. Pero su realidad era la nieve. Su padre, que quiso esquiador de élite, trabajaba en estaciones. De una a otra iba con su hijo al lado. Pero la pasión por la nieve de su padre ni iba con Lucas. “Le dije: Soy brasileño, no está en nuestra sangre. Me pondré enfermo si me expongo a estas temperaturas. Mis pies están hechos para las playas y no para las botas duras”, cuenta del niño de ocho años.

Lucas Pinheiro Braathen, durante su primera y espectacular bajada.
Lucas Pinheiro Braathen, durante su primera y espectacular bajada.John Locher

Porque con esa edad, el demonio del esquí se le metió dentro al noruego que también lleva dentro. Veía en la televisión a estrellas como Aksel Lund Svindal y alucinaba con la velocidad que alcanzaban sobre los esquís.

Comenzó a esquiar, para alegría de su padre. Era bueno, mucho. Tanto que, el 8 de diciembre de 2018, se unió al potente equipo noruego de la Copa del Mundo en el Gigante de Val d’Isère. Su primera victoria llegó en Sölden, en la apertura de la temporada 2020-21. Dos años después era el mejor eslalomista del mundo y ganaba el globo de la especialidad.

El 27 de octubre de 2023, el día antes de arrancar la temporada, Lucas convocó una rueda de prensa. “Me retiro. Se lo dije a mis compañeros de equipo ayer”, soltó. Tenía 23 años. Era una bomba. “Recibí la noticia de la decisión de Lucas justo antes de que comenzara la rueda de prensa, y fue una completa sorpresa”, explicó Claus Johan Ryste, director de la Federación.

Con el tiempo se supo que detrás había un problema relacionado con los derechos de imagen de los atletas y las normas de patrocinio. Tampoco tardó en circular la noticia de que Braathen se planteaba cambiar de bandera y competir con Brasil. El 27 de octubre de 2023 estrenaba bandera: cuarto en Sölden… con tres noruegos por delante.

Hoy, 14 de febrero de 2026, el nombre de Lucas Pinheiro Braathen cambia la historia. Brasil y Sudamérica irrumpen gracias a él en el medallero olímpico invernal. En Pekín, bajo bandera Noruega, no acabó ninguna de sus dos carreras. Ahora es campeón olímpico. Para Brasil. Y el lunes atacará el eslalom.

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