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Santa Cruz vivió una de sus noches más largas. La capital improvisó otro carnaval de ilusión en pleno mes de mayo y se entregó sin reservas a la euforia con la llegada de los héroes del ascenso a la sede del Cabildo de Tenerife. La plantilla, el cuerpo técnico y los dirigentes se dieron un auténtico baño de masas en una celebración desbordante de ilusión, orgullo y sentimiento blanquiazul.
Tras certificar el ascenso sobre el césped del Heliodoro, culminando una temporada para con la victoria ante un gran Barakaldo, los futbolistas se subieron a una guagua descapotable que se convirtió en el símbolo de la fiesta. A su paso, miles de aficionados acompañaron el recorrido en un ambiente vibrante entre cánticos, banderas, bufandas para liberar emociones contenidas durante meses.
El trayecto permitió a jugadores y cuerpo técnico compartir el éxito con una afición entregada, que no quiso perderse ni un instante de una jornada histórica. Miradas, gestos y sonrisas reforzaban esa conexión especial entre equipo y grada, uno de los pilares sobre los que se ha construido este ascenso incontestable.
La fiesta alcanzó su punto álgido con la llegada de la expedición al Cabildo. Ante una plaza abarrotada, y con presencia institucional, se sucedieron muchos momentos para el recuerdo. Álvaro Cervera, liberado de toda la tensión acumulada, sorprendió dirigiendo un ‘riki-raka’ desde el balcón de la corporación insular, a muchos metros de altura y sostenido por sus propios jugadores.
El turno de intervenciones también dejó imágenes icónicas. El presidente Felipe Miñambres se desató como en sus mejores tiempos e irrumpió sobre el escenario con el célebre ‘paso del pato’ de Angus Young, al ritmo del ‘Highway to Hell’ de AC/DC, demostrando que los viejos rockeros nunca mueren antes de lanzar un mensaje claro. “Ahora tenemos que ser un equipo grande en Segunda”.
El máximo accionista Rayco García puso en valor la dificultad del camino. “Todos sabemos lo complicado que ha sido”, afirmó antes de agradecer a la plantilla “por creer que nada es imposible” y a la afición “por acompañarnos cada día”.
También el capitán Aitor Sanz quiso reconocer el papel de unos seguidores “ejemplares en las malas son ejemplares y espectaculares en las buenas”, con una plaza de España completamente teñida de blanquiazul. “Gracias a mis compañeros por su compromiso. Hoy han hecho felices a muchas personas, incluyendo a mí que, por fin, he podido vivir mi primer ascenso aquí”.
Fue una noche larga, intensa e inolvidable. Se celebró el regreso al fútbol profesional, pero también algo mucho más profundo. La reconexión de todo un pueblo con el equipo de su alma. Porque, cuando el Tenerife sonríe, la isla entera vuelve a hacerlo


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