No es el título de un cuento de Borges o de Unamuno. Ayer el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, pasó por el Gambit Café, un local temático de ambiente ajedrecístico en el barrio madrileño de Malasaña. En principio la visita iba a ser breve, pero al final acabó prolongándose durante una hora, en la cual el presidente jugó con varias personas.
Junto a Sánchez se sentó Sabrina Vega, maestra internacional y varias veces campeona de España. Y contra él jugaron, entre otros, Marc Barceló, de nueve años y campeón mundial de su grupo de edad, o Daniel Pulvett, campeón mundial de ajedrez para ciegos en 2025.
El presidente del Gobierno no tiene tanta categoría pero tampoco es un neófito ante las piezas y el tablero. Tiene un aceptable nivel como ajedrecista aficionado y además en su entorno hay también grandes aficionados al deporte-ciencia. Por ejemplo, Iván Redondo, su antiguo director de gabinete, que solía aplicar -al menos así lo decía- las enseñanzas del ajedrez a la acción política.
El Gambit Café, situado en la calle del Barco del madrileño barrio de Malasaña, en el centro de la capital, aspira a convertirse en punto de referencia para la comunidad ajedrecística. Los asistentes pueden jugar por tres euros, sin límite de partidas ni tiempo, y también organiza torneos, simultáneas, presentaciones o eventos especiales, charlas con jugadores profesionales y sesiones de aprendizaje.
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