
- SMM
Los recientes ataques de Estados Unidos e Israel a Irán han vuelto a poner en primer plano la polémica sobre su programa nuclear. Desde junio de 2025, Teherán ha sido escenario de bombardeos selectivos contra instalaciones estratégicas, mientras crece la preocupación internacional sobre la posibilidad de que el país obtenga armas nucleares.
Irán asegura que su programa es estrictamente civil: busca generar energía y reducir la dependencia del petróleo, algo que consideran un motivo de orgullo nacional y soberanía. Sin embargo, la realidad es más compleja: la nación persa posee reservas de uranio enriquecido, algunas cercanas al nivel apto para armas, y ha desarrollado centrifugadoras avanzadas como las IR-6 e IR-9 que aceleran el proceso de separación del uranio-235 del uranio-238.
La preocupación de los gobiernos: “Probablemente estén a una semana de tener material para fabricar bombas de grado industrial”
Steve Witkoff, enviado especial de Trump, lo resumía así: “Han estado enriqueciendo mucho más de lo necesario para la energía nuclear civil. Ha llegado al 60 %. Probablemente estén a una semana de tener material para fabricar bombas de grado industrial, y eso es realmente peligroso”. Esta frase refleja la tensión global: aunque Irán todavía no posee un arma nuclear, la velocidad con la que podría producir uranio apto preocupa a los gobiernos aliados.

Las principales instalaciones nucleares se concentran en Natanz, Fordow, Isfahán y Bushehr. Ahí se realizan tanto procesos de enriquecimiento para energía como experimentos que, según organismos internacionales, podrían tener fines militares. Entre 2015 y 2018, un acuerdo nuclear internacional buscó limitar estos niveles, pero la retirada de EE.UU. y la intensificación de sanciones llevaron a Irán a incrementar sus reservas y acelerar el enriquecimiento.
Aunque la comunidad internacional insiste en la vigilancia de la AIEA, Irán ha reducido el tiempo que le tomaría alcanzar niveles aptos para armas a una o dos semanas. Con 408 kilogramos de uranio al 60 % de pureza, el país podría, teóricamente, fabricar hasta nueve bombas si continuara el enriquecimiento.
Mientras tanto, Estados Unidos e Israel continúan evaluando sus opciones, y la tensión no muestra señales de bajar. El programa nuclear iraní sigue siendo uno de los mayores focos de incertidumbre y riesgo geopolítico de la actualidad, y el mundo observa con preocupación cada movimiento de Teherán.
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