Uno se debe sentir dichoso si, de pronto, León XIV te muestra la Capilla Sixtina en el Vaticano, Yayoi Kusama guía una visita por el Moma neoyorquino o Rafa Nadal descubre los secretos del renovado radicalmente museo que el genial deportista español ha vuelto a elevar en Manacor.
“Yo soy normal. Lo único que he hecho mejor que la mayoría de la gente ha sido jugar al tenis. Amí lo que me hace feliz es estar con los míos, que es una suerte y la razón por la que siempre he vivido aquí, he edificado todo esto aquí y no en otro sitio”, contaba después de haber encabezado una pequeña comitiva que visitó esta singular galería que pasa por ser el museo deportivo más vanguardista del momento.
Desde hace 10 años, a las afuera del pueblo mallorquín que le alumbró, se eleva un edificio en los aledaños de la academia de tenis que durante una década fue un moderno expositorio de sus victorias. Hasta que ha llegado la revolución.
La entrada ya es imponente. La voz de Pau Gasol recuerda la importancia del deporte a nivel internacional y la introducción es una buena partitura para adentrarse en la primera sala en la que aparecen distintos materiales únicos de leyendas del deporte: Biles, Comaneci, Lebron, Tiger, Márquez... salpican la curiosidad del visitante. Cien mil pasaban al año hasta ahora. El objetivo es muchísimo más ambicioso.
“Éste seguramente sea el trofeo más díficil de mi carrera, si lo piensas”, dice el ganador de 22 Grand Slams cuando señala a un trofeo que simula la imagen de Bjorn Borg. “Era el campeonato balear sub 12, en Ibiza, la primera vez que viajaba a jugar un torneo. Lo gané. Tenía ocho años nada más”, rememora con una sonrisa antes de mostrar una de las joyas incorporadas. En una vitrina en el centro de la sala aparece una raqueta minúscula. “Es de cuando tenía tres años. La encontramos revolviendo en un baúl”.
Ahí empieza el recorrido por su vida —el primer Mundial infantil por el que fue el abanderado de 2000 de la Copa Davis—, plagado de títulos en distintas categorías, también el primer ATP de Sopot en el verano de 2004 y que desembocará, al final, en una gran sala circular de trofeos, más el apéndice de los Grand Slam, donde lucen los 92 títulos que ha cosechado en su carrera.
Pero, entremedias, hay una parada entrañable. Es el homenaje singular a la era más importante seguramente de la historia del tenis: el ‘Big Three’. Un vídeo inédito con testimonios de Federer, Djokovic y Nadal, explica la trascendencia de esos casi 20 años en los que se han repartido 66 grandes. Sin caer en egocentrismos, ahí se habla de victorias y derrotas entre ellos.
“El tenis es un capítulo cerrado de mi vida. Y lo cerrè bien. Como soy yo. Intentando dar todo lo que podía. Me operé porque me dijeron que eso iba a prologar mi carrera, pero no salió bien.Pero puse todo mi empeño en ello”, dice antes de acceder al colofón final donde un vídeo repasa su carrera, sus valores con un final de antología. “Por encima de mis éxitos en el tenis, me gustaría que me recordasen como una buena persona que nació en un pequeño pueblo de Mallorca”


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