Andrey Rublev se sinceraba en la previa al ser preguntado por la semifinal de Doha con Carlos Alcaraz: "Me va a enseñar dónde estoy realmente respecto a Alcaraz". El ruso lo comprobó este viernes en la central del Khalifa International Complex. De los seis duelos directos entre ambos, ganó uno, en el Mutua Madrid Open 2024, con el condicionante de una lesión en el brazo que arrastraba el fenómeno de El Palmar.
Alcaraz y Rublev, el número uno y 14 del ranking ATP, tienen una buena relación personal entre ambos. De hecho, todos los rivales de Carlitos se llevan bien con él.
El murciano y el moscovita quedaron para entrenar el domingo en Doha y hoy calentaron durante 40 minutos en pistas pegadas por lo que podían ver lo que estaba haciendo el otro.
La competición oficial puso a cada uno en su lugar. El pupilo de Samuel López suma siete Grand Slam con 22 años y Rublev, de 28, no ha pasado nunca de los cuartos.
Alcaraz no puede comer en Doha la comida española que degustaba en Melbourne durante el Open de Australia gracias al restaurante Cambio de Tercio, propiedad del riojano Abel Lusa.
Sin embargo, mantiene viva la tradición de las siestas antes de los partidos gracias a una habitación habilitada para ello en la zona reservada a los jugadores.
Carlitos es fiel a sus rutinas antes, durante y después de los partidos. Elige restar siempre que gana el sorteo, no pisa las líneas y deja pasar a su adversario cuando se cruzan en la red en el camino a la silla de cambios.
El ritual más curioso, y que nunca abandona, es abrazarse con cada uno de sus acompañantes después de los entrenamientos y antes de saltar a la pista.
Al equipo habitual del tenista se ha unido en Doha Albert Molina junior, hijo del agente del número uno y que sale victorioso cada vez que han jugado al juego del impostor.
El poco tiempo libre del que disfrutan lo pasan en la piscina del hotel Ritz Carlton de Doha aprovechando que no hay partidos por la mañana y la buena temperatura estos días en la capital de Catar.




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