A la guerra con un balón

Ilustraciones
José Ignacio Pérez
por José Ignacio Pérez

A la guerra con un balón 26 de noviembre de 2024

El fútbol está siempre presente en las misiones de los militares españoles: Irak, Afganistán, Mali, Bosnia, Senegal, Letonia...

En Besmayah jugaban partidos con los soldados de la 'Brigada 92', los mismos a los que adiestraban para luchar contra el Daesh

"En Afganistán cambiamos una camiseta del Real Madrid por dos bolsas de pistachos", dice el cabo primero Abel Alonso

Los legionarios se volcaron para ayudar a Adnan, el 'Rivaldo iraquí' que había perdido una pierna en un atentado

"Jugar algún partido mejora la moral de la tropa y eso es clave", explica el teniente coronel médico Manuel Jiménez.

La bomba explotó.

Adnan perdió una pierna; se la arrancó un terrorista. Pero él tenía una esperanza, una ilusión y quería saber. Aquel día fue directo al grano.

-¿Podré volver a jugar al fútbol? -espetó.

Aquel joven mutilado hablaba desde el fondo de su corazón. Su sueño era dar de nuevo patadas a un balón. Le escuchaba un soldado español. "Eso fue lo primero que nos preguntó, si volvería a jugar", cuenta a MARCA Carlos Navarro, capitán médico de las Fuerzas Armadas. Por entonces, a mediados de 2015, cuando tuvo lugar esa conversación, habían pasado nueve años desde el atentado.

En 2006, la bomba explotó...

El soldado Adnan Hatem Muzel, de 17 años, hacía guardia a las puertas de su cuartel en Mosul, ciudad junto al río Tigris, ubicada al norte de Irak. Recién llegado al ejército iraquí, apenas contaba con un par meses de vida militar. En aquel momento luchaba en la guerra civil, en la que el que el gobierno de su país y las fuerzas de la coalición liderada por Estados Unidos combatían contra grupos armados sectarios, principalmente Al Qaeda. En esa época, en pleno clímax del conflicto, se vivía un momento crítico, muy peligroso.

Adnan ingresó muy pronto en las Fuerzas Armadas, pero eso no le quitó la ilusión: soñaba desde niño con ser futbolista. Le llamaban el 'Rivaldo iraquí'. Con ese apodo, mal, desde luego, no debía jugar. Quizá aquel maldito día de 2006 comentaba con su camarada el último partido del Barcelona, el equipo que más le gustaba, cuando a lo lejos escucharon el ruido de un motor. Un vehículo se acercaba. Tocaba trabajar.

"Adnan estaba de servicio y controlaba en la puerta de la base el acceso de la gente que llegaba. Entonces vino un coche y, mientras el ocupante presentaba los papeles de identificación, explotó", dice Carlos Navarro.

Un terrorista suicida detonó su chaleco bomba. El estallido fue mortal. "Uno de los soldados, que estaba más cerca del vehículo, murió", continúa. Adnan sobrevivió, pero perdió una extremidad: le tuvieron que cortar la pierna izquierda por debajo de la rodilla.

Empezaba una nueva vida para él.

"La herida que tenía era catastrófica. La metralla le provocó una infección y, en países donde el nivel sanitario está poco desarrollado, más aún estando en conflicto armado, la alternativa más efectiva para salvar la vida es amputar", explica Navarro, que tiempo después paso muchas horas junto a él.

El sueño de Adnan de ser futbolista se había acabado en un instante.

Hasta que nueve años después, en 2015, recuperó la ilusión. "Hay un lema que dice que 'A la voz de ¡A mí La Legión!, todo el mundo acudirá'", recuerda Manuel Jiménez, teniente coronel médico, actualmente en el Ejército del Aire y del Espacio. Es otro de los que conoce bien al soldado iraquí; él también es protagonista de esta historia.

Adnan entonces recobró la esperanza.

-¿Algún día podré jugar? -volvió a preguntar.

Y los legionarios españoles, solidarios, altruistas, camaradas, se ofrecieron a ayudar a aquel militar que ansiaba dar patadas a un balón. "Hicieron todo lo posible para que pudiera jugar otra vez", asevera Manuel Jiménez.

El fútbol fue el fin, pero también el origen...

'Trampas', hachazos y camisetas de la selección

En 2015, durante su estancia de cinco meses en Besmayah, al sur de Bagdad, los legionarios de la 'Operación Apoyo a Irak', entre los que se encontraban Carlos Navarro y el propio Manuel, disputaron algunos partidos contra los soldados iraquíes de la 'Brigada 92', los mismos a los que adiestraban para luchar contra el Daesh en su intento por recuperar Mosul, la segunda ciudad más importante del país, en ese momento controlada por los insurgentes. Además de la táctica militar, en la base 'Gran Capitán', como se llamaba el asentamiento español, también corría, de vez en cuando, un balón.

"Recuerdo que se contactó con la Real Federación Española de Fútbol y le dijimos que estábamos en una zona de operaciones, de conflicto, y que teníamos previsto jugar un encuentro amistoso con las tropas iraquíes. Tuvimos la suerte de que nos mandaron camisetas de la selección y demás material", relata Manuel Jiménez. Ya tenían todo para empezar.

Aquel día de 2015, quizá abril, tal vez mayo, en un campo de arena, en el interior del cuartel y, por supuesto, con todas las medidas de seguridad, unos jugaban con botas, otros con zapatillas de correr; daba igual, lo importante era estar allí, participar. Pero ya se sabe que cuando el balón, un Mikasa en este caso, echa a rodar... "Nosotros éramos personal militar y ellos, como querían ganar a toda costa, metieron a profesionales que jugaban en equipos de allí, de Irak, que no eran ni soldados. Y, claro, nos ganaron. Pero hicimos frente y fue un resultado ajustado. Ellos hicieron trampas con los profesionales y nosotros metiendo hachazos. Cada uno con sus cartas", recuerda con una sonrisa Manuel, quien aclara la broma rápidamente: "El partido se jugó con buenas vibras y buen ambiente. Fue una bonita experiencia y, cosas así, te enchufan de moral".

Con la muleta... de portero

Entre el público de aquellos encuentros, no se jugó uno sólo, fueron varios, un soldado iraquí llamó la atención de los españoles. Inconfundible con sus muletas desgastadas, su pierna amputada y su túnica negra, otras veces blanca, Adnan tenía 26 años, una sonrisa en el rostro y se desvivía por un balón.

"Si no hacía 50 grados de temperatura, los soldados jugaban al fútbol en sus ratos libres. Y él estaba siempre allí viendo los partidos", recuerda Navarro. "Se le notaba que era muy, muy aficionado", tercia Manuel Jiménez. Adnan sentía tantas ganas que a veces no se podía contener. "En alguna ocasión incluso, aunque sólo fuera eso, se ponía de portero. Para él era muy difícil jugar solo con una pierna", continúa Manuel. Bajo palos, al menos, alimentaba su esperanza... "A mí me sorprendió mucho ese amor, esa pasión, esa ilusión, ese ánimo que a él le daba pensar que quizá podría volver a jugar", recuerda Navarro.

El 'milagro' del fútbol

El balón fue el punto de encuentro, el nexo que conectó a Adnan, que seguía vinculado a su unidad militar, aunque sin poder combatir, con los legionarios españoles. Porque Carlos Navarro 'participaba' también en esos partidos, aunque de otro modo. "Yo no jugaba, pero recuerdo uno entre españoles e iraquíes al que fui con mi ambulancia por si había algún esguince o alguna atención que dar durante el encuentro. No pasó nada, sólo a alguno le tuvimos que poner un poco de hielo y ya está", explica.

Por supuesto, viendo el fútbol también estaba Adnan, que se fijó en aquellos sanitarios a los que tiempo después acudió. "Vino a consultarnos y a decirnos que tenía heridas en la extremidad sana", cuenta Navarro. "Un mal apoyo le estaba provocando úlceras en la planta", asegura Manuel. Existía incluso el riesgo de que perdiera el otro pie. Adnan no podía seguir así, necesitaba atención médica. "Le tratamos con antibióticos para evitar que fuese a peor la infección. Venía, mínimo, una vez a la semana", relata Carlos.

Le curaron.

El balón, una simple pelota, un partido en mitad del desierto en una zona de guerra... y se había obrado el milagro. "Acercar el fútbol entre las tropas españolas e iraquíes acercó la ambulancia y al acercar la ambulancia fue cuando vino Adnan", resume Navarro.

Pero aún hubo más.

Con las heridas del pie sanadas, empezó la siguiente fase de la 'operación'.

Un bingo solidario

"A la Legión le impresionó mucho su historia", recuerda Manuel Jiménez. Aquel soldado iraquí, afable, alegre, conquistó rápidamente el corazón de los españoles. Los mandos también se enteraron y se pusieron manos a la obra. Entre todos le tenían que ayudar. "El jefe del contingente, que era el coronel Salom, ahora ya teniente general, nos planteó la posibilidad de comprar una prótesis para su pierna amputada", afirma Navarro.

A la voz de ¡A mí La Legión!, sea donde sea, todos acudirán...

Y los legionaros, todos, sin excepción, se lo tomaron casi como una orden. Comenzó la 'operación recaudación'. "Todos los jueves, organizábamos un bingo en el que una parte se repartía en premios y otra se destinaba a una causa solidaria", cuenta Carlos. Desde entonces, un 10% de todo ese dinero tenía un destinatario: Adnan. "Conseguimos los fondos necesarios para su protésis y contactamos, un compañero enfermero [se refiere a David Abrio] y yo, con una ortopedia de Madrid. Nos indicaron paso a paso cómo realizar las mediciones necesarias y se las mandamos por correo electrónico", prosigue Navarro.

Una enorme decepción

Ya sólo era cuestión de tiempo, de esperar a que enviaran la pierna ortopédica desde España. Adnan, ilusionado con el porvenir, seguía a lo suyo: al fútbol. En sus conversaciones, siempre estaba presente el Barcelona y en el horizonte, volver a jugar. Ahora lo veía mucho más cerca. Sin embargo, surgieron los problemas. "Cuando llegó, la prótesis no le encajaba", dice Manuel. "Era más estrecha que el muñón que le quedaba", explica Carlos. La decepción fue total. Para los sanitarios y para Adnan.

Una nueva medición, un vuelo de ida a Madrid y otro de vuelta a Irak. A la segunda, encajó. Por fin. "Se la pusimos y, esta vez, a la perfección", recuerda Navarro. Adnan tuvo que pasar por un proceso de readaptación. Después de tantos años, nueve, sin apoyar esa pierna, necesitaba mucha rehabilitación. No iba a ser fácil. "Le dijimos que fuese muy progresivamente para evitar las sobrecargas y los malos movimientos. Era importante que no se dañase la parte sana. Tenía que adaptarse a la prótesis para recuperar la funcionalidad", afirma.

El peligro acecha en muchas misiones de los soldados españoles. "En Mali, en los dos meses que estuve, no salí de la base", dice Carlos Navarro. Pasó allí dos meses en 2019, de marzo a mayo, y explica el porqué de ese encierro: "Antes de que llegara hubo un atentado con dos coches bomba en la entrada y restringieron mucho las salidas". Pero se las ingeniaron para hacer deporte en una improvisada zona de ejercicios al aire libre en el interior del recinto. "En los inicios De la misión no había gimnasio y lo que hicieron es que fabricaron pesas con una barra de metal y con dos latas grandes que llenaron de cemento. Además, empujando una rueda de tractor y subiendo por una cuerda que teníamos enganchada a un árbol, hacíamos algunos ejercicios de crossfit", recuerda.

Volver a caminar...

Adnan empezó a dar sus primeros pasos; Adnan caminó sin muletas; Adnan recuperó la movilidad; Adnan ahora sí podría hacer su sueño realidad. "Nos daba mucha alegría verlo así", dice Carlos.

El día 19 de julio de 2015, cinco meses después de su llegada a la base 'Gran Capitán', los doscientos legionarios que formaron parte del contingente de apoyo a las tropas iraquíes tuvieron que regresar a España. Atrás quedaba Besmayah, atrás dejaban a aquel soldado, Adnan, al que que jamás olvidarán, ese hombre al que hicieron un poco más feliz.

"El sueño de todos nosotros hubiera sido verle jugar de nuevo. No pudimos...", recuerda con tristeza Navarro.

Pero Julio Salom, el jefe de la expedición, no dudaba de lo que iba a suceder. "Dentro de poco estará jugando al fútbol…", afirmaba por entonces.

Los legionarios habían cumplido su misión.

"El fútbol te lo encuentras en todo el mundo, en países en guerra también", asegura Carlos Navarro. Tiene 37 años y una hoja de servicio en la que constan Irak, Mali y Líbano, tres de las zonas más 'calientes' de los últimos tiempos.

Pero esto no lo dice sólo él, lo certifican muchos soldados.

"En Afganistán, cambiamos una camiseta del Real Madrid por dos bolsas de pistachos". La anécdota la cuenta el cabo primero Abel Alonso, con cuatro misiones a la espalda, y sirve para explicar que el fútbol, en un sentido u otro, siempre aparece en las misiones del Ejército español. Lo mismo sucede con lo que relata el soldado Christopher Guerra, el goleador del equipo de las Fuerzas Armadas desplegadas actualmente en Letonia. "Marqué dos tantos en una final que jugamos", dice y, después, desvela su 'tesoro': "Me he comprado un proyector, lo he puesto en la habitación y ahí veo al Real Madrid en una sábana blanca haciendo de pantalla".

En Bosnia, más de dos décadas atrás, todos los militares querían ser amigos del personal de transmisiones, porque cuando había fútbol eran un seguro para encontrar la señal de televisión; en Senegal, aparecieron unas camisetas del Atlético; en el Líbano, los soldados se 'quitaron' el uniforme, se pusieron el chándal y se fueron a entrenar a los niños; en el Golfo Pérsico, ondeó la bandera del Sevilla en lo alto de una fragata; en Letonia, han 'fundado' una peña del Betis... Da igual el lugar. A la guerra, a las zonas de conflicto, la tropa viaja con un balón en la mochila y con el amor por su equipo en el corazón.

¿Por qué?

Moral, estrés y salud mental

Porque el fútbol es necesario y, aunque a veces cueste creer, viene bien. "Jugar algún partido y hacer deporte mejora la moral de la tropa y eso es clave en este tipo de situaciones. Si no hay descanso, no hay eficacia y no vas a estar fresco para poder combatir", explica Manuel Jiménez.

Porque el fútbol contribuye a 'olvidar' por un rato los malos momentos, la tensión, la dureza de la situación, el no saber qué puede suceder. "Es muy bueno para liberar el estrés y para la salud mental, para reducir la ansiedad", afirma Carlos Navarro.

Porque el fútbol ayuda a conocer a militares de tropas aliadas, a asentar la relación, a fomentar la cordialidad. "Los soldados iraquíes, esos con los que jugábamos partidos, nos preguntaban por el Real Madrid, por el Barcelona... que eran los equipos que les gustaban", recuerda Manuel. "Es un modo más de cohesión entre los diferentes ejércitos", apuntilla Carlos.

Porque el fútbol es una forma sencilla de entablar conversaciones, de romper el hielo con los habitantes de otro país. "En Afganistán, con la gente local que entraba a limpiar la base hablábamos de Messi, de Cristiano...", rememora Abel Alonso.

Porque el fútbol es una excusa para juntarse con los camaradas, para sentirse arropado, para no aislarse, para huir de la soledad en territorio hostil. "Nos ayuda a hermanarnos, a unirnos más, a estrechar lazos y así el ambiente en la base es mejor", reflexiona Carlos Navarro. "Cuando llega el partido, te obligas a salir de la habitación para estar con los compañeros y disfrutar un rato de su compañía", asevera Alonso.

Porque el fútbol libera la mente, porque alivia el alma, porque da energía... "La Eurocopa de España fue un chute emocional", explica Julián Marco Díaz, brigada de Infantería, que vio este verano el triunfo de La Roja desde la misión en Letonia.

Y porque el fútbol es la mejor cura para muchos problemas, también para cumplir con el deber. "Es un momento de desconexión necesario para que la misión tenga éxito. Durante un tiempo tienes que dejar atrás, entre comillas, la tragedia, porque si no te va a restar moral", explica Manuel Jiménez, que ha estado desplegado en varios países a lo largo de su carrera militar. Sabe bien de lo que habla y predica con el ejemplo: siempre, allá donde va, mete al Sevilla... en su petate.

Finales desde el desierto

Sevillista acérrimo y socio del club desde hace más de 25 años, su número es el 1.939, Manuel charla con MARCA por videollamada. Está en su casa, en una habitación. De fondo una pared color crema, quizá blanco, no se aprecia del todo bien, y un cuadro solitario que lo dice todo: en él se observa a un Eurofighter Typhoon, un avión de combate de las Fuerzas Armadas españolas, sobrevolando el estadio Ramón Sánchez-Pizjuán. Sus dos pasiones en una imagen: su trabajo y su equipo.

Manuel Jiménez ha tenido que vivir desde la distancia algunas de las finales europeas del Sevilla, pero eso no le ha impedido vibrar. Las ha disfrutado igual o incluso más. "Cuando estás lejos lo sientes casi con más pasión", dice y comienza a contar lo que pasó: "En Irak, estábamos en mitad del desierto, pero teníamos la fortuna de que había conexión por televisión y los partidos importantes de Champions podíamos verlos, siempre y cuando no tuviéramos trabajo. Allí vi la final que jugó el Sevilla contra el Dnipro, en Varsovia. Fue la cuarta Europa League que ganó el equipo". Se refiere al 27 de mayo de 2015, cuando los hispalenses vencieron 2-3 al conjunto ucraniano con un gol de Krychowiak y un doblete de Bacca. Unos 8.000 sevillistas estuvieron en el Estadio Nacional y Manuel, en la base 'Gran Capitán' de Besmayah.

Manuel Jiménez

El himno del Sevilla en Irak

"Es un recuerdo muy bonito porque estaba de misión en una zona de conflicto y conseguí ver esa final en directo. Incluso pude poner el himno de El Arrebato por la megafonía. Estábamos en el medio de la nada, así que nadie se iba a quejar", continúa.

A pesar del entorno bélico en el que se enmarcan estos encuentros, los que se juegan y los que se ven, evidentemente, se desarrollan sin ningún riesgo para los soldados. "Durante ese rato te intentas abstraer de la situación de conflicto, porque es un momento de ocio donde hay seguridad en el contexto de la misión. Si realmente hubiera peligro, te tienes que meter en el rol que desempeñas allí", explica Manuel.

Su pasión es tan grande, que es capaz de recordar dónde y cómo vivió cada una de las finales de la Europa League del Sevilla. "Navegando de misión me he perdido alguna. Eso pasó en la primera, que estaba en un ejercicio marítimo con la Armada. La segunda tuve la suerte de verla en Glasgow. La tercera sí estuve también en Turín. La cuarta (Varsovia) me la perdí, fue la de Irak, la quinta sí la vi en Basilea. La sexta (Colonia) fue a campo cerrado por el COVID. Y la última sí estuve en Budapest", rememora.

Del Golfo Pérsico al palco del Pizjuán

Una bandera del Sevilla le permitió a Manuel Jiménez cumplir uno de sus sueños: vivir un partido en el palco del Sánchez-Pizjuán. En 2005, el teniente coronel médico estaba en una misión de la Armada con la fragata Álvaro de Bazán en el Golfo Pérsico. "Aquel año, como eran los actos del Centenario del club, me llevé una bandera del equipo y le pedí al comandante si me dejaba colocarla en el barco. Me dio permiso, incluso me dijo: 'Hazle una foto a vista de pájaro desde el helicóptero'. La hicimos y se ve el barco muy bonito con la bandera del Centenario del Sevilla", explica Manuel, que conserva esa fotografía.

Una imagen que llegó hasta el propio club y tuvo premio para el marino: "Fue todo un éxito porque se enteró el presidente de aquel entonces, que era Del Nido padre, y me invitó al palco a un partido. Asistí a unos dieciseisavos de final, en la primera UEFA que ganó el Sevilla, a un encuentro ante el Lokomotiv de Moscú, un 2-0. Uno de los goles recuerdo que fue de Antonio Puerta". Tiene buena memoria Manuel. El partido se disputó un 23 de febrero de 2006. Maresca marcó el primero pasada la media hora y Puerta, que en paz descanse, el segundo, de cabeza, en el 90'.

Manuel Jiménez

En barco... y en gran pantalla

Manuel también vivió un Mundial en alta mar. Fue el de Alemania, el de 2006, en el que España cayó eliminada al perder (1-3) ante Francia en octavos de final. "Ese me pilló navegando en una misión con la Armada. Cuando jugaba la selección, desplegábamos una pantalla grande en el barco, en la cubierta de vuelo, y todo el personal que estuviera libre de servicio podía verlo. El ambiente era muy bonito, desenfadado. De hecho se permitía que nos pusiéramos la camiseta de España en vez del uniforme", comenta el teniente coronel médico, que incluso ha jugado algún partido en el Buque de Asalto Anfibio Galicia durante una misión, pero eso ya no es tan sencillo: "Sí, al fútbol sala en la zona del dique, pero no es nada fácil, porque si el barco está navegando, la pelota se mueve erráticamente por el movimiento del mar y es muy complicado golpearla".

Además de servir para estar en forma, de ayudar a sobrevellevar la tensión, de levantar la moral, el deporte en el Ejército tiene otra importante utilidad. "El estrés de combate se puede simular con munición de fogueo, con gente gritando, con personas que te llevan al límite... Pero otra de las formas es hacer una actividad física, corta, pero muy, muy intensa, justo antes de la prueba", comienza Carlos Navarro, que lo explica: "Ese ejercicio te acelera la respiración, la frecuencia cardíaca, provoca que tengas menos riego sanguíneo en el cerebro, que te cueste más pensar... Y entonces, de repente, cuando estás en esa situación, te obligan a entrar al botiquín, donde te encuentras con la simulación de un soldado con una pierna ampatuda y distintas heridas. Nosotros, los médicos, tenemos que actuar inmediatamente, desvestirlo y aplicarle el tratamiento que requiera el protocolo".

La vida de ese militar depende de sus compañeros sanitarios, que también se encuentran en un momento de estrés provocado por el deporte. "Te falta aire por el ejercio intenso y tienes que pensar rápido qué es lo que debes hacer. Entonces, por ejemplo, no se te puede olvidar que si ves un orificio de entrada tienes que buscar por detrás el de salida, porque si no lo buscas, no lo vas a ver y si no lo ves, no lo vas a tratar. Y eso puede suponer la muerte de esa persona", recrea Navarro, que lo tiene claro: "La mejor forma de simular el estrés de combate es hacer una actividad física muy intensa y después tratar de razonar, de pensar en esos conocimientos médicos para aplicarlos en esa situación de tensión".

La sonrisa de los niños

El fútbol transmite alegría. Y en Senegal, en otra de sus misiones, Manuel comprobó cómo unas simples camisetas del Atlético hicieron felices a aquellos niños que vivían rodeados de pobreza. Aún recuerda la sonrisa de sus rostros cuando se las entregaron. "El club se portó muy bien y envió material deportivo. A los pequeños, que prácticamente no tenían nada, jugar partidos vestidos con esas equipaciones les producía una gran dicha", indica. Se refiere a la 'Escuela de futbol Del Bosque' en Dakar, que dirige Limamou M'Bengue, conocido en el ámbito futbolístico como Lima', un jugador senegalés que militó en diversos clubes de la Liga española, entre ellos el Atlético. Tras regresar a su país, comenzó con esta iniciativa, apadrinada por el exseleccionador Vicente del Bosque, con el objetivo de ayudar a los pequeños con menos recursos. Y allí también acudieron los soldados españoles.

Fútbol, Bosnia y 'nuevos' amigos

Abel Alonso, como Manuel Jiménez, es otro 'veterano' del ejército. Cabo primero, tiene 42 años, es deportista, de mucho nivel, entrena duro, y ahora está en Letonia, pero lleva mucho tiempo, dos décadas ya, viajando por el mundo. De misión en misión. La primera, en Bosnia-Herzegovina, donde más de 46.000 militares españoles han participado desde 1992 en las sucesivas operaciones, primero de la ONU y después de la OTAN y la Unión Europea. "Yo estuve allí hace 21 años. No podíamos salir fuera a hacer deporte", dice. El entorno no era seguro. Pero sí podían seguir los partidos dentro de la base. En su caso, los del Real Madrid, su equipo.

De la misión F/E Letonia XV

A pesar de las dificultades de las comunicaciones, eran otros tiempos, internet y las conexiones Wi-Fi estaban a años luz de que lo que son hoy en día, Abel encontró los aliados perfectos para no perderse un encuentro. Si quería verlo, a ellos acudía. "En Bosnia no había medios para comunicarnos como ahora. Existía un hogar del soldado, donde podíamos acceder y allí tenían una televisión, la única. Era donde nos juntábamos para ver esos partidos o cualquier evento deportivo", comienza. Pero a veces la señal no funcionaba y tenían que apelar a los 'salvadores'. "El personal de transmisiones siempre está con los satélites. Con ellos sí que puedes contar, porque no se pierden ningún partido. Así que, si no los conocías, tenías que hacer amistad", prosigue.

Un trueque merengue y muy sabroso

Después de Bosnia-Herzegovina, llegó Afganistán. Abel estuvo allí en dos ocasiones. Y alrededor del fútbol se forjó un momento que, a pesar del tiempo que ha pasado, él no ha olvidado. "Recuerdo a un civil de los que venía a limpiar la unidad donde estábamos, era un chico de unos veintipocos años", empieza. El fútbol hizo su magia y conectó a las personas. "Poco a poco, empezamos a entablar conversaciones con él sobre Messi, Cristiano Ronaldo... A él le gustaba el Real Madrid y quería una camiseta o alguna cosa del equipo", cuenta Abel.

Fue el principio de lo que terminó en un trueque muy satisfactorio para las dos partes. Porque los soldados tenían lo que aquel joven quería y aquel joven tenía los que los soldados querían. Parece un juego de palabras, pero no, fue precisamente lo que sucedió. "Nosotros no podíamos comprar frutos secos en ningún sitio. Pero el chico sí. Así que conseguimos una camiseta del Real Madrid y se la cambiamos por un par de bolsas de pistachos de un kilo, que allí eran muy buenos, muy grandes y de muy buena calidad, que él nos trajo de fuera. Se llevó a su casa la camiseta y para él sería... Imagínate. También para nosotros, que teníamos algo diferente para comer, así que todos contentos", indica el cabo primero.

Portadas del MARCA en Letonia

Abel Alonso vivió la Eurocopa de este verano en Letonia junto a sus compañeros. España cuenta con presencia de tropas en el país báltico desde 2017 en la misión Presencia Avanzada Reforzada (enhanced Forward Presence-eFP), cuyo cometido principal es la disuasión y defensa en el flanco Este europeo dentro de la misión de la OTAN. En estos momentos, alrededor de 550 efectivos del Ejército de Tierra se encuentran desplegados en Adazi, a poco más de 20 kilómetros de Riga, la capital.

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Con Abel, está el brigada de Infantería Julián Marco Díaz. Él fue uno de los 'animadores' de la Eurocopa en la base militar. A los italianos los traía por la calle de la amargura. Después de que España ganara (1-0) a la 'Azzurra' en la fase de grupos, con un gol de Calafiori en propia puerta, en el que fue uno de los mejores partidos de los de De la Fuente en el torneo, Julián se cobró su particular 'vendetta' con las tropas transalpinas.

"Una anécdota de las que recuerdo fue cuando jugamos contra Italia. Aquí tenemos un contingente italiano que trabaja junto a nosotros en el mismo edificio. Al día siguiente del partido, cogí la portada del MARCA, la imprimí y la puse en A3, en color, en la cafetería. Imagínate cuando llegan los italianos, con su bajón, y se encuentra con la portada del diario puesta en la nevera", dice sonriendo.

Muchos de los partidos de España los proyectaron en una sala de conferencias. Allí se reunían todos los soldados para verlos. "La Eurocopa ha sido bastante importante por el chute de moral que nos dio. Date cuenta de que más de 500 españoles que estamos aquí celebramos juntos la victoria. Y ganarla como la ganaron...", continúa.

Un detallazo del Real Madrid

Es del Real Madrid, como muchos, aunque Julián Marco sólo se ha llevado a Letonia dos camisetas de la selección. Y ahora aspira a completar la 'colección' con el premio gordo al final de la misión. "Un compañero con el que trabajo a diario le mandó un correo al Real Madrid y el departamento de comunicación del club le envió como un presente una camiseta, la de esta temporada. Se puso en contacto con ellos, les explicó que era para el contingente y se la mandaron. Así que al final de la misión se hará un sorteo y alguien con suerte se llevará ese recuerdo", relata.

De la misión F/E Letonia XV

Soldado-entrenador de fútbol en el Líbano

Julián Marco ha sido futbolista federado más de 20 años. Ya no juega, pero sí transmite sus conocimientos siempre que puede. En el Líbano, en 2011, vivió una bonita experiencia con unos niños. "He estado tres veces allí y, en las dos últimas misiones, me permitieron ir a una escuela de fútbol en una de las zonas cristianas. Entonces, los sábados por la mañana, mis compañeros y yo los pasábamos con los niños y les enseñábamos algo de táctica en una pista de fútbol sala. Además, luego echábamos algún partidillo con ellos", relata.

"Tenían entre 6 y 12 años y nos dividíamos la pista de tal manera que en un lado estaba el grupo de edad de 6 a 9 y en el otro los más mayores. Y cuando jugábamos los partidos, mezclábamos a grandes y pequeños. Imagínate el espectáculo que podíamos formar. Fue muy bonito, la verdad. Además, el Sevilla, a través de un compañero que era socio, nos envió equipaciones y material. Y el último día hicimos una paella y toda la población quedó bastante contenta. Son acciones de colaboración que se realizan con los civiles y, en este caso, salió bastante bien", termina el brigada.

Christopher Guerra tiene grabada también en la memoria una final de la Champions League. Aquel día, el 28 de mayo de 2022 cuando se enfrentaron el Real Madrid y el Liverpool, no estaba de misión, sólo de maniobras. Tampoco había salido de España, por entonces se encontraba en la provincia de Zaragoza. Pero también estaba lejos de casa y con el Ejército. "Esa la vi encima de un vehículo blindado, un tanque, en medio de la nada, con la cobertura que iba y venía. A lo mejor cantaban gol otros compañeros a los que les llegaba más rápido por internet y yo aún ni lo había visto. Cuando pasan los años, siempre recuerdo donde estaba esa final. Eso es imposible que se te olvide", rememora. Para su alegría ganaron los blancos (0-1) con un gol de Vinícius en el minuto 59'.

Viva el Betis manque pierda

"Donde voy yo, va conmigo algo del Betis", afirma con rotundidad. En Letonia, tiene equipación total, camiseta y pantalón. El que habla es el sargento Fernando González, el jefe de la policía militar de la misión y uno de los 'fundadores' de la peña bética del contingente, que explica cómo se creó: "Aquí la mayoría somos sevillanos. Y cuando preguntamos de qué equipo éramos, uno dijo que del Betis, el otro también y el otro... Así que nos empezamos a juntar ocho o nueve para ver el fútbol". Desde entonces, no se pierden ni un partido. "Los vemos en la 'Casa de España', que es donde dormimos los españoles. Abajo tenemos una sala de estar con una televisión y ahí los ponemos", explica.

Unas patadas increíbles en la final

España, además, tiene un goleador en Letonia. Es el soldado Christopher Guerra. 31 años, extremo o delantero, y desde siempre pegado a un balón. "Llevo toda la vida jugando al fútbol. En la zona de Extremadura, de donde soy, he estado en el Badajoz, el Olivenza, el Gévora... y el año pasado en el Talavera", enumera. Ahora el trabajo le ha llevado a Letonia de misión. Y allí forma parte del equipo del Ejército español.

De momento, siempre ganan. Dos torneos, dos victorias. En una de las finales se midieron a los letones y los vencieron fácil, sin sufrir. "Se notaba que había bastante diferencia", explica. Pero la otra fue distinta. "La jugamos contra Polonia y la verdad es que eran muy, muy duros. Pegaban unas patadas increíbles. Fue un partido muy reñido. Quedamos 1-1 y en los penaltis les ganamos. Lo celebramos con una euforia tremenda, como si fuese la Champions. Algo que parece insignificante te da una gran alegría y te deja un recuerdo inolvidable. Nos dieron unas medallas y un altavoz de regalo por ganar", recuerda.

De la misión F/E Letonia XV

Cuando se está a miles del kilómetros de la familia, de la zona de confort, todo se vive con mayor pasión. Se sufre más, pero a él, el deporte le ayuda a llevarlo mejor. "Lo hago todos los días, por la mañana y por la tarde. Mantener el físico es bueno para tener la mente despejada y hace que sea más llevadero estar lejos de los seres queridos", dice y continúa: "Cuando tienes un día más pachucho, después de ejercitarte un rato, te sientes bien".

Partidos en una sábana

El Real Madrid y la selección son su pasión, también una inyección de moral. Por eso, el soldado Guerra se ha montado su 'cine' particular. "Antes la Eurocopa y ahora LaLiga y la Champions me ayudan a llevar los días mejor. Me compré un proyector para ponerlo en la habitación y ahí veo todos los partidos en una sábana blanca. Compramos pizza o patatas y lo monto todo con mis compañeros. Esas dos horas estamos entretenidos, pasamos un rato distendido y desconectamos del trabajo y del día a día", explica. Así vio el último Real Madrid-Barcelona de LaLiga, con victoria azulgrana (0-4).

De la misión F/E Letonia XV

Goles con retraso

Hablando de Clásicos, Carlos Navarro, "más madridista que culé", recuerda uno durante su estancia en Irak. "A veces teníamos algunos problemas para seguir los partidos desde allí, porque la red Wi-Fi de aquella época, en 2015, no era como la de ahora. Recuerdo que vimos algún Real Madrid-Barcelona. Y como íbamos con un poco de retraso con respecto a España en la proyección, a veces alguien de la familia avisaba de los goles antes por WhatsApp y nosotros los veíamos 30 segundos o un minuto más tarde, pero bueno, ¿qué le íbamos a hacer?", cuenta con una sonrisa y continúa: "Esos partidos eran una forma también de estar con los compañeros, de liberar estrés, de juntarnos, de hablar luego sobre el encuentro, sobre algún jugador... El fútbol siempre hermana más".

Eso, desde luego, bien lo sabe Adnan Hatem Muzel.

Los invencibles 'ironman' españoles
De la misión F/E Letonia XV

El cabo primero Abel Alonso lo supo de inmediato. Un día escuchó que uno de sus compañeros, el soldado Corzo, de nombre Jesús, había ido corriendo desde su casa hasta el cuartel: 21 kilómetros en total. "Me dije: 'Este es de los míos, le tengo que encontrar'", relata.

Por supuesto, lo encontró.

Abel, 42 años, y Jesús, 28 y soldado del grupo de Artillería, son ahora pareja deportiva en Letonia y compiten en pruebas en las que participan tropas de los distintos contingentes que están desplegados en la zona. Se miden con polacos, italianos, estadounidenses, albaneses... Militares de todos los países.

La última prueba en la que participaron, el pasado 23 de agosto, es dura, muy dura. 30 kilómetros de recorrido por los bosques junto al río Gauja. Un ejercicio combinado de carrera y remo que requiere un esfuerzo máximo. Concentración, preparación y resistencia. "Para ir a ganar, que era nuestra intención, tienes que entrenarlo bastante bien", dice Corzo.

De la misión F/E Letonia XV

La competición comienza con 16 kilómetros de carrera, que los soldados recorren con 11 kilos en la mochila; después, un kilómetro portando la canoa entre los dos miembros de la pareja hasta el río Gauja, por el que, posteriormente, reman 11 kilómetros. Una vez fuera del agua, otro kilómetro con la canoa a cuestas y los últimos 1.000 metros corriendo hasta la playa de Carnikava, donde está la meta. Se dice pronto, pero se sufre mucho. "Es exigente, sí", asegura Jesús.

El día de la competición todo salió a la perfección. "Iniciamos con buen ritmo y sacamos ventaja a los rivales, lo que luego nos permitió ir un poco más cómodos", recuerda Abel, que tenía que ir calmando al soldado Corzo: "Es un portento físico y siempre se escapaba. Yo, que tengo algo más de experiencia, le decía que fuera un poco más tranquilo para ir guardando energía para lo que quedaba".

Completaron los 30 kilómetros en 2 horas, 55 minutos y 11 segundos... y ganaron. De 150 parejas que participaron, el triunfo fue para Abel y Jesús, que se marcharon con su medalla de campeones. Pero hubo más, porque el dominio de las Fuerzas Armadas fue total. Los otros dos puestos del podio, el segundo y el tercero, también fueron españoles. "Dejamos nuestra bandera en lo más alto", termina Jesús.

De la misión F/E Letonia XV

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