"El fútbol te lo encuentras en todo el mundo, en países en guerra también", asegura Carlos Navarro.
Tiene 37 años y una hoja de servicio en la que constan Irak, Mali y Líbano, tres de las zonas más
'calientes' de los últimos tiempos.
Pero esto no lo dice sólo él, lo certifican muchos soldados.
"En Afganistán, cambiamos una camiseta del Real Madrid por dos bolsas de pistachos". La anécdota la
cuenta el cabo primero Abel Alonso, con cuatro misiones a la espalda, y sirve para explicar que el fútbol,
en un sentido u otro, siempre aparece en las misiones del Ejército español. Lo mismo sucede con lo que
relata el soldado Christopher Guerra, el goleador del equipo de las Fuerzas Armadas desplegadas
actualmente en Letonia. "Marqué dos tantos en una final que jugamos", dice y, después, desvela su
'tesoro': "Me he comprado un proyector, lo he puesto en la habitación y ahí veo al Real Madrid en una
sábana blanca haciendo de pantalla".
En Bosnia, más de dos décadas atrás, todos los militares querían ser amigos del personal de
transmisiones, porque cuando había fútbol eran un seguro para encontrar la señal de televisión; en
Senegal, aparecieron unas camisetas del Atlético; en el Líbano, los soldados se 'quitaron' el uniforme, se
pusieron el chándal y se fueron a entrenar a los niños; en el Golfo Pérsico, ondeó la bandera del Sevilla
en lo alto de una fragata; en Letonia, han 'fundado' una peña del Betis... Da igual el lugar. A la guerra, a
las zonas de conflicto, la tropa viaja con un balón en la mochila y con el amor por su equipo en el
corazón.
¿Por qué?
Moral, estrés y salud mental
Porque el fútbol es necesario y, aunque a veces cueste creer, viene bien. "Jugar algún partido y hacer
deporte mejora la moral de la tropa y eso es clave en este tipo de situaciones. Si no hay descanso, no
hay eficacia y no vas a estar fresco para poder combatir", explica Manuel Jiménez.
Porque el fútbol contribuye a 'olvidar' por un rato los malos momentos, la tensión, la dureza de la
situación, el no saber qué puede suceder. "Es muy bueno para liberar el estrés y para la salud mental,
para reducir la ansiedad", afirma Carlos Navarro.
Porque el fútbol ayuda a conocer a militares de tropas aliadas, a asentar la relación, a fomentar la
cordialidad. "Los soldados iraquíes, esos con los que jugábamos partidos, nos preguntaban por el Real
Madrid, por el Barcelona... que eran los equipos que les gustaban", recuerda Manuel. "Es un modo más
de cohesión entre los diferentes ejércitos", apuntilla Carlos.
Porque el fútbol es una forma sencilla de entablar conversaciones, de romper el hielo con los habitantes
de otro país. "En Afganistán, con la gente local que entraba a limpiar la base hablábamos de Messi, de
Cristiano...", rememora Abel Alonso.
Porque el fútbol es una excusa para juntarse con los camaradas, para sentirse arropado, para no aislarse,
para huir de la soledad en territorio hostil. "Nos ayuda a hermanarnos, a unirnos más, a estrechar lazos
y así el ambiente en la base es mejor", reflexiona Carlos Navarro. "Cuando llega el partido, te obligas a
salir de la habitación para estar con los compañeros y disfrutar un rato de su compañía", asevera Alonso.
Porque el fútbol libera la mente, porque alivia el alma, porque da energía... "La Eurocopa de España fue
un chute emocional", explica Julián Marco Díaz, brigada de Infantería, que vio este verano el triunfo de
La Roja desde la misión en Letonia.
Y porque el fútbol es la mejor cura para muchos problemas, también para cumplir con el deber. "Es un
momento de desconexión necesario para que la misión tenga éxito. Durante un tiempo tienes que dejar
atrás, entre comillas, la tragedia, porque si no te va a restar moral", explica Manuel Jiménez, que ha
estado desplegado en varios países a lo largo de su carrera militar. Sabe bien de lo que habla y predica
con el ejemplo: siempre, allá donde va, mete al Sevilla... en su petate.