
- ALMUDENA RIVERACortina d'Ampezzo (Italia)
Sean Pollard creció en las remotas playas de Australia Occidental, donde nadar, surfear y pescar son una forma de vida. A los 8 años le regalaron su primera tabla de surf y con 13 se mudó con su madre y sus dos hermanos menores a Bunbury WA, en la costa suroeste. Era feliz cogiendo olas en el Océano Índico y el surf se convirtió en su vida. Con 16 años dejó la escuela para ser aprendiz de electricista. El dinero que ganaba lo empleaba en sus viajes de surf a Marruecos, Francia, España, Portugal o Indonesia.
En octubre de 2014, en uno de esos viajes de surf junto a su novia a Esperance, a unos 700 kilómetros de Perth, su vida cambió para siempre. Pollard estaba surfeando solo en una zona llamada Kelpbeds cuando fue atacado por dos grandes tiburones blancos. Uno le arrancó el brazo izquierdo y el otro la mano derecha. También sufrió fuertes magulladuras en ambas piernas. En una lucha desesperada por su vida, Sean logró surfear una ola de espaldas hasta escapar.
Siete transfusiones y 150 puntos
Cuando llegó a la orilla, cuatro personas le brindaron los primeros auxilios. Tras lograr estabilizarlo en el hospital local de Esperance, Sean fue trasladado en avión al Hospital Real de Perth, donde fue operado. Se necesitaron casi 150 puntos de suturay grapas metálicas para cerrar todas las heridas antes de que pudiera comenzar la recuperación. "Perdí un montón de sangre y en cuanto llegué a Perth necesité siete transfusiones", ha explicado en más de una ocasión. Fueron más de tres litros de sangre cuando en el cuerpo de un adulto, la media es de 4,5 a 6 litros.
Después de seis semanas hospitalizado, Pollard regresó a su casa en Bunbury y comenzó a aprender a vivir con una prótesis de gancho. También necesitó fisioterapia intensiva para que sus piernas se recuperaran por completo.

Regreso al océano... y sus inicios en la nieve
Un año después del ataque, Pollard regresó al océano. Quería volver a surfear. Tras muchos intentos, no lograba ponerse de pie ni coger las olas que quería.
En septiembre de 2015, sus amigos le convencieron para probar el snowboard en un viaje a Mt Buller (Victoria, Australia) y le encantó. "Es muy parecido al surf en muchos sentidos", dice. Hasta entonces, Pollard no había visto nunca la nieve.
Después, viajó tres semanas a Canadá, donde por casualidad conoció al entrenador canadiense de snowboard paralímpico, quien lE animó a probar este deporte. Se puso en contacto con el Comité Paralímpico Australiano y el invierno siguiente asistió a un campamento de entrenamiento con el equipo. En su primera temporada terminó octavo en la clasificación de la Copa del Mundo de boardercross y banked slalom.

En su caso, al no tener manos, no puede tomar impulso en la puerta de salida y se ve obligado a comenzar la carrera con su tabla de snowboard de lado, lo que supone cierta desventaja.
Sean debutó en sus primeros Juegos Paralímpicos en PyeongChang 2018 (Corea del Sur), donde quedó quinto en Banked Slalon y noveno en boardercross. Después se tomó un descanso de un año y fue padre en 2021. Después retomó los entrenamientos con el objetivo de clasificarse para los Juegos de Milán-Cortina, donde en boardercross acabó noveno y tiene aún que competir en Banked Slalom.
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