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Plan Cooper/Ansiedad (4)

El peligro de evitar lo que te asusta

Para superar la ansiedad, debemos actuar en contra de nuestra intuición visceral

Plan Cooper: Cómo superar el miedo y la ansiedad
Actualizado

El instinto humano más básico es la supervivencia. Si ponemos la mano en el fuego, la retiramos instantáneamente. Si vemos un león, corremos. Este mecanismo de defensa, diseñado para amenazas físicas tangibles, se convierte en una trampa devastadora cuando se aplica a miedos psicológicos o situaciones sociales. Es lo que en psicología clínica se conoce como el "ciclo del refuerzo negativo", y es el motor principal que cronifica y agrava los trastornos de ansiedad.

Funciona de manera perversamente lógica. Ante una situación que nos genera ansiedad (una reunión social, conducir, hablar en público), el cerebro dispara la alerta. Si decidimos evitar esa situación o escapar de ella, experimentamos una caída brusca e inmediata de la ansiedad. Sentimos un alivio profundo. Ese alivio actúa como una recompensa neurológica potente. Sin darnos cuenta, estamos entrenando a nuestra amígdala: le estamos enseñando que la única forma de estar seguros es evitando ese estímulo. Con cada huida, validamos la peligrosidad de la situación. El cerebro piensa: "Menos mal que no fuimos, seguro que algo terrible iba a pasar".

La consecuencia a largo plazo es la reducción progresiva de nuestro mundo. Hoy evitas hablar en una reunión, mañana evitas la oficina, y pasado mañana te cuesta salir de casa. La evitación es gasolina para la ansiedad porque impide el único proceso biológico capaz de curarla: la habituación. La habituación es el proceso natural por el cual el sistema nervioso deja de responder a un estímulo cuando se expone a él de forma prolongada sin que ocurra nada malo. Es como entrar en agua fría: al principio corta la respiración, pero si te quedas quieto, el cuerpo se adapta y la sensación térmica se normaliza.

Para superar la ansiedad, debemos actuar en contra de nuestra intuición visceral. En lugar de retirarnos cuando sentimos el malestar, debemos quedarnos y "surfear" la ola de pánico. Si permanecemos en la situación temida el tiempo suficiente, comprobaremos empíricamente que la catástrofe anticipada no ocurre y que la ansiedad, inevitablemente, acaba bajando por sí sola. Es una ley fisiológica: el cuerpo no puede mantener la respuesta de alarma al máximo indefinidamente. Enfrentarse al miedo no es solo un acto de valentía moral, es una necesidad terapéutica para reeducar a un cerebro sobreprotector y enseñarle que, aunque la incomodidad es real, el peligro no lo es.

Encuentra a los expertos en salud mental que te enseñarán a desactivar la alarma de tu cerebro en www.plancooper.com.

*Marcus Cooper es multimedallista olímpico y director del Plan Cooper.

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