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El primer impacto llegó desde Finlandia. Trece integrantes de su selección --más de media plantilla-- dieron positivo o quedaron aisladas, y el esperado duelo ante Canadá se fue al aire. El partido, previsto para los primeros días de competición, se reprogramó para el 12 de febrero tras una decisión consensuada entre el COI, la organización y la Federación Internacional, con un mensaje nítido: proteger la salud y la integridad competitiva.
El brote no se quedó ahí. Suiza confirmó después un caso positivo y activó la cuarentena preventiva de todo el equipo. La medida fue tan estricta que el conjunto helvético renunció a desfilar en la ceremonia inaugural en San Siro. Aun así, el cuerpo médico mantiene el optimismo y confía en que el periodo de incubación haya pasado sin nuevos contagios, lo que permitiría sostener el calendario frente a Estados Unidos.
El contexto inquieta. El hockey femenino es un torneo largo, que arrancó incluso antes de la inauguración oficial --como el curling-- y con un nivel alto de contacto físico. Por ahora, selecciones como Chequia, rival reciente de Finlandia y Suiza, no han comunicado casos, pero la vigilancia es máxima.
Desde el punto de vista médico, el norovirus no suele ser grave. Provoca vómitos, diarrea, náuseas, fiebre leve y debilidad durante uno a tres días. El problema no es su peligrosidad, sino la facilidad de contagio en espacios cerrados como vestuarios y villas olímpicas. "La mayoría están mejorando, pero no están para jugar", explicó el seleccionador finlandés Tero Leheterä, que llegó a dirigir entrenamientos con solo ocho jugadoras de campo y dos porteras.
Diferentes visiones
La organización insiste en rebajar la alarma. "No es un brote", subrayó Christophe Dubi, director ejecutivo de los Juegos, mientras el COI recuerda que existen protocolos claros para detectar y aislar cualquier caso. Entre las propias jugadoras, la consigna se repite: higiene extrema, evitar contactos innecesarios --ni siquiera apretones de manos-- y dejar el asunto en manos de los médicos.
El torneo sigue rodando entre controles, ajustes y precauciones, con vestuarios bajo lupa y agendas en revisión, mientras el norovirus ya ha dejado su huella en el hielo olímpico de Milán-Cortina.

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