OPINIÓN
MARCO CANSECO. Imola
Ferrari deberá esperar, pero hoy parece más cerca de lo que ha estado nunca. Eso nos parece al menos a los que recorremos cada día el paddock de la F-1. Los plazos en los que andaban Alonso (o más bien sus intenciones) y Ferrari se enrasaron de un golpe con el anuncio del sábado. Las piezas del tetris están igualadas y el futuro parece ahora verse en unos términos más lógicos. Quizá a todos nos hubiese gustado ver a un español vestido de rojo el próximo año, pero las circunstancias han mandado. Primero las de Ferrari, quien debe seguir esperando la última palabra de Schumacher sobre su futuro. Se lo deben, pues sin el alemán quizás hoy no hubiera Ferrari. Michael lo ha dicho muchas veces: cuando haya alguien en la pista al que no pueda ganar me retiraré, y el alemán es de los que cumplen. Schumi ha pedido esta semana que se le escuche antes de hablar con Alonso o con cualquier otro y ese parece a día de hoy el único impedimento para que el español acabe en el destino harto anunciado.