:: Gran Premio de San Marino ::

 CRÓNICA

Alonso le gana la partida a Schumacher en un duelo épico

ANTONIO A. CASTILLO. Imola


Fernando Alonso (Renault) ganó el Gran Premio de San Marino, cuarta prueba del Mundial de Fórmula 1, tras resistir los envites de un desatado Michael Schumacher en un final épico. Fueron once vueltas bellísimas, que quedarán para la historia. Tercero fue Jenson Button, que recupera la sonrisa tras un pésimo inicio de campaña, aunque el 'renacimiento' del inglés y el equipo BAR-Honda casi no fue noticia al lado del primoroso espectáculo brindado en el trazado Enzo y Dino Ferrari por dos de los más grandes pilotos de la historia de la F-1. Nos referimos a Alonso y Schumacher, por supuesto.

Kimi Raikkonen salió primero y se dedicó a coleccionar vueltas rápidas para despegarse de su inmediato seguidor, Fernando Alonso. La ventaja nunca superó los tres segundos, y desapareció bruscamente cuando se rompió la transmisión del McLaren-Mercedes en la décima vuelta. Mala suerte para el piloto finlandés, que tiene que empezar a creer en las meigas. Antes se había retirado Giancarlo Fisichella, protagonista de un desastroso fin de semana que culminó en la sexta vuelta de la carrera, cuando se salió de la pista.

El honor de Renault quedó entonces en manos de Fernando Alonso, que amplió su ventaja sobre el segundo clasificado, Jenson Button, hasta estabilizarla en torno a los nueve segundos. ¿Y Michael Schumacher? Había salido desde el decimotercer lugar de la parrilla tras cometer un error en la segunda tanda cronometrada de los entrenamientos y no parecía capaz de recuperar posiciones. Su compañero de equipo, Rubens Barrichello, se retiró en el decimonoveno giro, con problemas eléctricos en su Ferrari. Las caras de los aficionados de la 'Scuderia' eran un poema. Desde luego, nada hacía presagiar en esos momentos el desenlace final.

El despertar del 'kaiser'
Y, de pronto, el 'kaiser' despertó. Aprovechó las primeras paradas en boxes de sus rivales para ganar puestos y, al tiempo, encadenar vueltas rápidas. Fue visto y no visto. De pronto, Schumacher era tercero. "Estoy aquí", parecía decir el piloto alemán, al que imaginamos sonriendo bajo el casco, feliz con el óptimo rendimiento de su F2005. Las mejoras aerodinámicas introducidas y la llegada de unos nuevos neumáticos Bridgestone dieron alas, al fin, al monoplaza rojo, que recordó al de las últimas temporadas.

Schumacher se situó a espaldas de Button, al que superó con una facilidad inesperada, ayudado tal vez por el 'despiste' del inglés al superar a unos doblados. Una vez más, la estrategia de Ferrari fue magistral. El equipo de Maranello retrasó al límite el segundo repostaje con el objetivo de superar en los boxes a Alonso, y aunque no lo consiguió, sí permitió a Michael volver a la pista prácticamente pegado a Fernando. "Ahí lo tienes", debieron decirle tras poner al toro en suerte.

Y llegó entonces el momento clave, once vueltas realmente increíbles en las que asistimos a un nuevo capítulo del duelo clásico del automovilismo, el protagonizado por el joven que quiere ceñirse la corona y el veterano consagrado que no está dispuesto a cederla fácilmente. Senna y Prost son sólo un ejemplo. Michael, encendido, buscó todos los huecos ayudado por un monoplaza eficaz por primera vez esta temporada; Alonso, sólido líder del Mundial, los tapó con maestría, sin cometer ningún error. A veces parece imposible que el asturiano tenga 23 años. Su madurez, su talento, son propios de un piloto más veterano.

El doble de puntos que Trulli
Schumacher, soldado al alerón trasero del Renault, intentó el adelantamiento una y mil veces, pero Alonso fue un muro. Y eso que el motor de su monoplaza era el mismo de Bahrein y se podía esperar un fallo mecánico, pero el R25 es una máquina perfecta. El binomio que forman el piloto asturiano y el coche francés huele a campeón. Quién lo duda a estas alturas.

Por encima de la situación real del campeonato, con Alonso muy destacado al frente de la clasificación, estaba en juego un triunfo simbólico, una suerte de puente entre una época marcada por las genialidades de Schumacher y otra que lleva el marchamo de Fernando. Y ganó el asturiano, el hombre de futuro y... de presente. De hecho, dobla al segundo clasificado, Jarno Trulli, en la provisional del campeonato.

Al final, todos contentos. Schumacher y Alonso departieron cordialmente al bajarse del coche, y siguieron el diálogo en el mismo podio. El piloto alemán vuelve a sonreír, consciente de que al fin cuenta con una mecánica fiable, y a buen seguro esperará con ansia la próxima cita, dentro de dos semanas en Cataluña, para tomarse la revancha; el español, mientras, suma su tercer triunfo consecutivo y sigue sonriendo. Y nosotros también.

castillo@recoletos.es

.