CRÓNICA
ANTONIO A. CASTILLO. Madrid
Fernando Alonso se quedó por primera vez en lo que va de temporada fuera del podio. Acostumbrado al 'cajón', el cuarto puesto logrado en el Gran Premio de Mónaco debió saberle a poco, aunque tal y como se desarrollaron los acontecimientos hay que darlo por bueno. Por muy bueno. Ganó Raikkonen, que dio un auténtico recital en el Principado. El finlandés lideró la mágica cita de principio a fin y demostró que los McLaren-Mercedes están, hoy por hoy, por encima de los otros monoplazas. Kimi es ya segundo en el Mundial, y aunque está a 22 puntos de Alonso, quedan todavía trece carreras y todo puede pasar. Le acompañaron en el podio dos actores que no figuraban en el guión inicial, Nick Heidfeld y Mark Webber, protagonistas de una carrera muy regular a los mandos de sus Williams-BMW.
En Mónaco triunfaron las estrategias. Alonso dio buenas vibraciones en la segunda sesión cronometrada, en la que estuvo a punto de arrebatarle la 'pole position' a Raikkonen, pero la carrera fue otro cantar. Fernando intentó el adelantamiento en la salida, pero Kimi lo evitó cerrándose en la primera curva a derechas y, a partir de ahí, inició la escapada, con los dos Renault a su estela.
Un repostaje clave
El momento clave llegó en la vuelta 22, cuando Christian Albers
se quedó cruzado en mitad de la pista y provocó una espectacular
montonera que se saldó con la retirada de Coulthard, al que embistió
Michael Schumacher, y la entrada en pista del coche de seguridad. Renault
intentó dar un golpe de mano e hizo entrar a sus dos monoplazas
en boxes para efectuar el único repostaje programado, pero la estrategia
fracasó. Alonso volvió a la pista en tercera posición,
tras Raikkonen y Trulli, y con el coche cargadísimo de combustible,
de modo que no pudo evitar que el finlandés se escapara a razón
de dos segundos por vuelta. Cuando Kimi paró al fin en boxes, su
ventaja era tal que volvió a la pista con más de diez segundos
sobre Fernando y la carrera prácticamente ganada. Claro que peor
aún le fue al segundo piloto de Renault, Giancarlo Fisichella,
que era tercero antes de entrar en boxes y retornó a la carrera
en las profundidades del pelotón. Y esa circunstancia, en un circuito
como Mónaco, es letal.
Pero no acabaron aquí los problemas de Alonso, que tuvo que afrontar el último tercio de la carrera con los neumáticos totalmente deteriorados. Los dos pilotos de Williams, equipo que optó por una estrategia más conservadora de dos paradas, se echaron encima de Fernando con una facilidad pasmosa, y aunque el español aguantó varias vueltas con un coche prácticamente sin tracción, al final tuvo que ceder, primero ante Heidfeld y después ante Webber.
Pero la tortura no acabó aquí, ya que más atrás venía un 'grupo salvaje' integrado por Montoya, Barrichello y los hermanos Schumacher. La historia se repitió. Alonso, prácticamente sin neumáticos, aguantó como pudo las acometidas de Juan Pablo en las dos últimas vueltas y salvó un cuarto puesto que puede ser muy valioso al final de la temporada, cuando cada punto valga su peso en oro. Si la carrera hubiera durado algunos giros más, el español habría acabado todavía más atrás. Seguro.
A pesar de todo, más líder
Lo más curioso de todo es que, a pesar de las desgracias, Alonso
tiene más ventaja sobre el segundo clasificado que antes de llegar
a Mónaco: ahora le saca 22 puntos a Raikkonen, que será,
no cabe duda, su más firme -y quizás único- rival
en la lucha por el título.
La carrera no tuvo mucha más historia, al margen del protagonismo que, por distintas circunstancias, tuvieron los dos pilotos de Toyota, Ralf Schumacher y Jarno Trulli; el piloto alemán salió desde la última fila y llegó sexto, sobreponiéndose a los dos espectaculares accidentes que sufrió en los entrenamientos, mientras que el italiano se fue de Mónaco, donde ganó el año pasado, con el dudoso honor de protagonizar el adelantamiento más 'salvaje', del que fue víctima su compatriota Fisichella. No valió de nada, ya que Trulli tuvo que entrar inmediatamente después en boxes para solucionar los desperfectos que dejó la maniobra. Para ese viaje no hacían falta alforjas...
En cuanto a Ferrari, otra carrera gris. Michael Schumacher concluyó séptimo y Rubens Barrichello, octavo. Y además esta vez no hubo 'buen rollo' entre los dos pilotos del equipo de Maranello, ya que el brasileño criticó el adelantamiento poco ortodoxo -por ser suave- que le hizo su compañero en la última vuelta. Y todo para ganar un punto.
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