MIGUEL SANZ. Silverstone
Renault es único, incluso al poner el coche a punto. Su forma
de enfocar los entrenamientos del viernes es distinta al resto. Y el equipo
de Alonso lo hace mejor que nadie en la mitad de tiempo. ¿Será
suficiente para vencer en el circuito más infernal para Renault,
como es Silverstone? Ésa es la idea.
Renault decidió a principio de temporada que su estrategia sería
sacrificar una de las cuatro sesiones libres (hay dos el viernes y dos el
sábado).En la primera, apenas ruedan dos vueltas, para ver que no
hay ningún cable suelto, más que nada. Ayer hicieron lo mismo.
En ese momento su coche tiene una configuración ideada por el simulador
de la fábrica, un aparato que almacena el recorrido inglés
según los test realizados. Sobre ese simulador se sitúa un
coche de prueba que recibe los mismos baches, curvas y recorrido del trazado.
Los ingenieros deciden esta inclinación del alerón, ese reparto
de lastres o aquella altura del coche, y así es como aparece el R25
de Fernando en el trazado el viernes. En ese momento, los pilotos de todos
los equipos empiezan a corregir cosas del coche y Renault los deja en el
garaje y se juega la mejora en sólo 60 minutos, los de la segunda
sesión. ¿Por qué desaprovecha la primera hora? Entienden
que el asfalto les ofrece unos datos que no son correctos y prefieren ahorrar
motor, que es más importante.
Todo se fía a la segunda hora. Alonso tiene que probar los dos compuestos
de neumáticos que tiene para decidir con cual se queda, ha de analizar
cómo está el coche y decidir con los ingenieros qué
cambiaría para el día siguiente. Da tiempo sólo a unas
20-25 vueltas. Además Renault tiene sus propias fuentes de información.
Le llega del centenar de sensores que tienen sus coches y que vomitan unos
25 Mb de información cada vez que un coche pasa por meta. Esos datos
del piloto (sensaciones) y el coche (datos) se envían a fábrica
(Enstone y Viry), se estudien las mejoras en el simulador. El resultado
se reenvía al circuito y se pone en práctica.