MIGUEL SANZ. Nürburgring
CCreo que muchos miles de españoles querrían estar donde este
humilde periodista estuvo ayer durante tres maravillosos minutos, compartiendo
coche con Fernando Alonso. Así que es mi deber tratar de trasladar
al lector el subidón de adrenalina que supone circular
con el líder del Mundial de Fórmula 1, que pilote para ti
por unos instantes. Fue a las 19:15 en un circuito mítico como Nurburgring
donde los pilotos, como todos los años, montaron sobre coches de
calle las gentes que siguen el Circo. Antonio Lobato, a mi lado, buscaba
emocionado una cámara para que lo vea el personal hoy en Tele5, cuando
Fernando me dijo venga o, para dentro. El coche
no era su R25, pero ¿a quien le importa? Nos valía perfectamente
el Clio Sport de 180 caballos de potencia, muy lejos de los 900 caballos
de su monoplaza.
Se tocó los espejos con Fisichella
Ten cuidado, está desbocado, yo pensé que volcaba cuatro
veces, me dijo su preparador físico Edoardo Bendinelli. Su
padre, José Luis, le veía la mirada y no quería ni
subirse. En la grada la gente jaleaba al español, que una vuelta
antes aguantó con el freno de mano, pegó un acelerón
y quemó ruedas hasta cubrir de humo todo el coche. Me puse el cinturón
a toda velocidad y salió como una centella, apurando las cinco marchas
del motor hasta las 5.500 revoluciones. Hasta aquí todo normal, pero
al llegar a la primera frenada no frenó, no frenó y no frenó
hasta que cerré los ojos y en ese momento cruzó el coche a
derechas y cuesta abajo durante más de cinco segundos en los que
el grito se me escapó de los pulmones. Pero no, no volcamos, el Clio
se inclinó monstruosamente pero el español lo enderezó
con una mano. ¿Tiene control de tracción? le pregunté,
y yo que sé, me dijo. Fernando venía calentito
de su duelo con Fisichella una vuelta antes donde me rocé los
espejos dos veces él dijo divertido, porque Fisi
llevaba el mismo coche pero en versión rallyes. Se pasaron y repasaron
con total precisión como si tal cosa.
Derrapadas brutales Así fue la primera curva y así fueron
las catorce restantes. Porque Fernando decidió divertirse con este
Clio y trazar las 15 revueltas con unas derrapadas tan brutales que abarcaban
desde el inicio al final de la curva, a veces con una mano otras con leves
rectificaciones. Entre una y otra miraba aquí y allá, se peinaba.
Solo le faltó poner la radio. A algunas llegó tan pasado que
empezó a frenar dentro de la curva y contravolanteó dos y
tres veces a 140 ó 150 km/h. Nadie se imaginaba que un Clio aguantaría
esa paliza, pero esta versión aguanta de lo lindo.
Picado con el Toyota de Trulli
Espera, que viene un Ferrari detrás, le voy a dejar pasar
dice Fernando, y por la derecha pasa Marc Gené como una exhalación
con su flamante 430 y un VIP pálido detrás. Fernando le saluda
guasón así ya podrás grita a los cuatro
vientos. Y justo cuando pensaba que no se podría ir más forzado
Alonso suelta un amenazador vamos a por ese, hombre, hay que pillarle.
Se refería a un Toyota Corolla TTE conducido posiblemente por Jarno
Trulli. O sea, que se podía ir más bestia aún, porque
Fernando ya no frenaba ni pasado el cartel de 50 metros, frenaba en curva,
en apoyo, colado, cruzado, encima de un piano, casi tumbado, deslizando
la trasera del Clio durante decenas de metros de exhibición insana
de pilotaje, y si parecía imposible enderezar pues lo hacía,
con un poquito de freno de mano aquí y muchas manos allí,
qué se yo.
Una última frenada salvaje
La última frenada de todas fue tan alarmante que el coche, recto,
culeó al menos siete veces de lado a lado. Hemos llegado,
dice el ovetense. No es posible, ya hemos dado los 5 kilómetros y
148 metros que mide. Suelto la mano del asa del techo, blanca de la fuerza,
le cojo el hombro y no puedo decirle otra cosa que gracias, tío.