CRÓNICA
ANTONIO A. CASTILLO. Madrid
LCinco carreras y cinco podios. Es el balance de Fernando Alonso en lo que va de temporada. El piloto de Renault fue segundo en el Gran Premio de España, dominado de principio a fin por Kimi Raikkonen (McLaren), y es todavía más líder del Mundial de Fórmula 1, ya que ahora tiene 18 puntos de ventaja sobre Jarno Trulli (Toyota), que fue tercero en Montmeló. La cruz de la jornada fue para el equipo Ferrari, que volvió a las andadas tras la reacción de Imola: Michael Schumacher se retiró tras dos pinchazos y Barrichello acabó noveno.Raikkonen fue un auténtico 'dictador' en Montmeló. Renault se había llevado las cuatro victorias previas -la primera Fisichella y las otras tres Alonso- y McLaren tenía ganas de demostrar que está a la altura del equipo francés, así que Kimi aprovechó su 'pole position' para salir como un ciclón y dejar claro, por si alguien lo dudaba, que es un firme candidato al título. Alonso intentó aguantar el ritmo del finlandés, pero tuvo que conformarse con un segundo puesto que, como él mismo declaró, le supo a victoria.
El ritmo de Raikkonen fue alucinante. A una vuelta fantástica seguía otra todavía mejor. No es extraño que ni siquiera perdiera el liderato tras los repostajes. Kimi reinó en Montmeló apoyado en sus dotes incuestionables y en un McLaren-Mercedes que al fin aunó rapidez y fiabilidad. En Renault deberán tenerlo muy en cuenta.
Problemas para Fernando
Alonso hizo una buena salida. Superó a Webber, que había
sido segundo en los entrenamientos, y se fue a por Raikkonen. Pero no
había nada que hacer. Ni siquiera la neutralización de la
carrera nada más darse la salida, al quedarse parados los dos Minardi,
le permitió limar décimas a un Kimi en estado de gracia.
Un problema de neumáticos sentenció el color de la carrera
y dejó a Fernando en una situación muy comprometida, lejos
de Raikkonen y acosado por los Toyota. Pero el asturiano supo capear el
temporal y llevar su R25 al podio por quinta vez consecutiva.
Menos suerte tuvo su compañero de equipo, Giancarlo Fisichella, aunque eso ya no es una novedad. El italiano perdió todas sus opciones al entrar en boxes para cambiar el alerón delantero de su Renault, pero tuvo arrestos para volver a la pista y acabar quinto tras dar la vuelta rápida de la carrera. Como diría su jefe, Flavio Briatore, "bravo, Fisico"...
Por el tercer puesto lucharon durante toda la carrera los dos pilotos de Toyota, Trulli y Ralf Schumacher, casi siempre con el italiano por delante. Dio la sensación de que el alemán era en esta ocasión más rápido, pero Jarno es hoy por hoy la máxima amenaza para Alonso en la clasificación y el podio al final fue suyo. Los monoplazas japoneses demostraron, en cualquier caso, que siguen en alza.
¿Fue Imola un espejismo?
Todo lo contrario vale para los Ferrari, hasta el punto de que vale la
pena preguntarse si la exhibición de Michael Schumacher en Imola
fue un espejismo. La respuesta debe ser negativa, porque el piloto alemán,
que salió octavo, calcó la estrategia del circuito italiano
y dio la sensación de que podía repetir la proeza y llegar
al podio, pero se encontró con dos pinchazos seguidos que frustraron
su remontada y le llevaron a aparcar definitivamente su F2005 en los boxes.
De Barrichello hay poco que decir. Simplemente parece una sombra del piloto
que el año pasado se proclamó subcampeón mundial.
Acabó noveno, detrás de un Coulthard que parece vivir una
segunda juventud a los mandos del brioso Red Bull.
La carrera no tuvo más historia, al margen del pundonor de Montoya, que se sobrepuso a un trompo y al dolor de su hombro lesionado y fue capaz de acabar. Y además en los puntos. Todo un síntoma del estado de forma de los McLaren-Mercedes.
Mención especial merece, obviamente, el público que abarrotó el circuito de Montmeló, más de cien mil aficionados que animaron con entusiasmo a Alonso durante toda la carrera, pero que también supieron reconocer el buen hacer de Raikkonen o Fisichella. Los pilotos fueron la Fórmula. Y ellos el 1.
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