:: Gran Premio de Canadá ::

Alonso tiene 'espías' que sacan informes de lo que ven en televisión

MARCO CANSECO. Montreal

Ningún esfuerzo se ahorra de puertas para adentro del garaje propio y tampoco para saber cualquier dato relevante que pueda descubrir acerca de sus rivales. Todo bajo control parece ser la consigna en la escudería del rombo, que cuenta con un minucioso sistema de espionaje a lo largo de cada gran premio.

Una de las cuestiones en las que mayor atención se presta es saber el régimen máximo de revoluciones en las que trabajan los motores de la competencia. Uno de los operarios de la marca se encarga en cada sesión de grabar las imágenes cuando la realización pincha la cámara ‘on board’ (dentro del habitáculo) de cada monoplaza. En estas ocasiones la imagen va unida al sonido real del motor y a partir de esa imagen y ese audio, se obtienen informaciones de vital importancia.
La imagen y el sonido son diseccionados en archivos de milésimas de segundo, que se introducen en un programa informático que procesa la información. En el resultado final aparecen las revoluciones máximas del motor ‘espiado’ y una idea aproximada de los regímenes de potencia en los que trabajan dichos motores. La agudeza o gravedad del sonido es la clave para que el programa detecte las vueltas a las que gira el motor.

El gráfico que la televisión muestra en cada retransmisión como novedad en 2005 no es fiable, pues los equipos se niegan a difundir esos datos públicamente y se falsea la información real que es la que Renault averigua por sus propios medios. Esa operación se realiza en cada una de las sesiones del fin de semana, incluyendo los entrenamientos libres, y Renault también puede saber si alguno de los rivales importantes está guardando algo del límite de su mecánica para despistar.

Motor, cambio, suspensión...
En realidad, desde Renault aseguran que los equipos reservan poco y que sólo aumentan unas 300 rpm cuando llega la calificación del sábado, para lograr la mejor posición posible en la salida. Alonso tiene además la posibilidad de aumentar esas 300 revoluciones en las fases críticas de carrera, como el las últimas 12 vueltas de Ímola acosado por Schumacher o en las 10 últimas de Nurburgring cuando él acosaba a Raikkonen.

Por este sistema de espionaje también se pueden deducir las relaciones de cambio que han elegido los demás equipos en cada circuito. Los datos son valorados en las reuniones de ingenieros y pueden influir a la hora de confeccionar la estrategia de los combustibles.

Ésta es la gran incógnita que se les ha presentado con el cambio de calificación. Antes, la primera del sábado se realizaba con el depósito vacío y la diferencia era fácilmente calculable al sumar el tiempo del día siguiente, pero desde Nurburgring, la intuición empieza a funcionar por encima de los datos reales. Las imágenes en cámara lenta de los pasos de los coches por los pianos de las curvas empiezan también a ser revisadas para comprobar al grado de flexión de las suspensiones, pero los resultados son muy difusos, pues los reglajes difieren mucho de unos coches a otros.