:: Gran Premio de Bélgica ::

 NOTICIA

Alonso ya fue campeón del mundo en Bélgica

MIGUEL SANZ. Genk

Genk es una pequeña ciudad de Bélgica al este de Lieja, casi en la frontera con Alemania. Si sales del circuito de Spa-Francorchamps se tarda más o menos una hora en coche. No tiene nada de particular, ni es grande ni es bonita, pero cuando a unos seis kilómetros de ella hay un karting con una historia para muchos desconocida. En Genk, Fernando Alonso se proclamó campeón del mundo júnior hace nueve años. Una curiosa coincidencia con lo que puede ocurrir, también en Bélgica, el domingo.

“La pista ha cambiado un poco, la línea de meta ya está en otro sitio, pero aquí aún nos acordamos de sus carreras”, dice Koen Lemmens, responsable del karting en el que un 14 de julio de 1996 Fernando, pilotando el kart número 14, conquistó la que hasta ahora es su primera y única corona mundial, quizás hasta mañana en que conquiste la segunda también en Bélgica, en el mítico Spa.

Entonces, Alonso sólo tenía 14 años y tanto los rasgos físicos como la forma de estampar su firma en la inscripción de participante, eran muy distintas de las de ahora, ni más ni menos que las de un chavalín que iba a por todas y se recorría Europa en furgoneta con su paciente padre al lado para hacer lo que más le gustaba en la vida.

Seis carreras al día
Ya el año anterior, con 13 años, quedó séptimo en la categoría cadete en ese mismo circuito, pero en 1996, en júnior, llegó a por todas. “Se tiraban desde el lunes hasta el domingo haciendo mangas, carreras eliminatorias, clasificatorias. A veces hacían seis carreras al día. Había muchos chavales y no paraban de entrenarse, de correr”, cuenta Lemmens, que recuerda que Fernando tenía “un pilotaje muy fino. Aquí si no eres fino no vas rápido. Venía con sus padres y su madre era estupenda. Iba y venía a por las listas de los tiempos y hacía los artículos de las carreras de su hijo”. Alonso ganó la Rainbow Trophy Green Helmet (Trofeo Arco Iris, Casco Verde), que así se bautizó el trofeo, y eso que ni salía desde la ‘pole position’ ni su nombre figuraba entre los favoritos al triunfo final.

El padre de Lemmens, Paul, recuerda que “en la final, enseguida se puso delante en la carrera, en pocas vueltas, se marchó en solitario y ya nadie le cogió, como en Malasia y Bahrein esta temporada. Fueron 20 ó 23 vueltas, ya no recuerdo, y todas las hizo al límite, siempre al límite”. Alonso no era favorito en aquel campeonato y ganó por sorpresa, antes de lo que le tocaba, como parece que es la norma en su vida, hacer las cosas más rápido que nadie.

La mejor carrera, al año siguiente
Curiosamente, lo que más recuerdan en las instalaciones del karting de Genk, más aún que la carrera del título, es el europeo del año siguiente en esas mismas instalaciones. Hasta los mecánicos del equipo de carreras del karting no se olvidan de ‘lo’ de 1997. “Ya era categoría ICA y Alonso ganó todas y cada una de las tandas de manera fácil, fue el más rápido día tras día, siempre. Pero en la final, cuando era líder se salió él solo a cinco o seis vueltas del final, en una chicane muy difícil. Rompió la cadena y ya no pudo regresar a pista porque se quedó sin tracción y con cara muy triste”, recuerda Jelle Streukens, componente de la pequeña escudería sita en el amplio karting mientras le aplica llave inglesa a un kart para alguna futura estrella.

Del fichaje de Alonso al de Button
Tal fue la exhibición de Fernando en aquella semana que los belgas intentaron fichar al de Oviedo y al no poder, porque Alonso prefería saltar de categoría, se hicieron con los servicios de… Jenson Button. Un Button que, por cierto, era el protagonista del cartel oficial de la carrera del Mundial que ganó Alonso un año antes. Cosas del destino, ya que años después Fernando volvió a ser el preferido antes que Jenson en el equipo Renault de Fórmula 1. “Para nosotros es un orgullo haber tenido a un campeón del mundo aquí, porque muy pocos pilotos son campeones de karting y de Fórmula 1. Senna no lo fue. Pasaban, y pasan, muchos niños, pero de Alonso Díaz, como estaba inscrito, nos acordamos todavía”, dice Lemmens hijo, al que se le iluminan los ojos hablando de aquel niño asturiano que escribió las primeras páginas de su carrera antes de llegar a la Fórmula 1.