MIGUEL SANZ. Madrid
Spa está en el recuerdo de Fernando Alonso como un hito en
su vida, porque allí en el año 2000 dio la primera gran campanada
sobre un monoplaza, su primera victoria grande, grande.Ganó la última
carrera de la Fórmula 3000 de ese año, la segunda división
de la Fórmula 1, de una manera abrumadora, exagerada, anormal. Porque
era impropio meterle 15 segundos al campeón de aquel certamen, Bruno
Junqueira, y también meterle un mundo al resto, todos con el mismo
monoplaza y motor. Lo único que quiero es estar en la Fórmula
1 el año que viene, decía aquél jovencito de
19 años, que, como titulamos en Marca, al fin exhibió su talla
de genio, aunque fuera en la prórroga.
Un inicio complicado
Alonso no lo había pasado bien ese año.Venía de probar
con Minardi, donde se ganó un contrato de probador, y con sólo
un año de experiencia en monoplazas con marchas. Así que al
principio tardó varias carreras en cogerle el aire al coche o en
que el equipo le cogiera el aire a él, ya que no le hacían
caso. El monoplaza había ido bien con su anterior propietario, GonzaloRodríguez,
quien logró alguna victoria, y entendían que a Fernando le
tenía que valer la misma puesta a punto. Así que Alonso estaba
frustrado y cabreado. A tres carreras para el final del certamen, Fernando
había protagonizado maniobras esporádicas que llamaron mucho
la atención de la gente, magníficas salidas de carrera como
en Nurburgring, donde pasó a 13 ó 14 pilotos, peleas puntuales,
pero sin resultados cuantificables.
El estallido de resultados y talento llegó al final. El primer puntito
lo cogió en Austria, y los abrazos con su mánager entonces,
Adrián Campos, eran sentidos. No me cabe la menor duda de que
será quien retire a Michael Schumacher. No os dais cuenta de lo realmente
bueno que es Fernando se hartó de decir ese año Campos
más de cien veces. Y eso que Schumacher tenía tres y no siete
títulos mundiales.
El equipo se dio cuenta que igual su piloto tenía razón, le
hizo caso en lo que pedía y una carrera después, en Hungría,
se subió por vez primera al podio, al terminar segundo en otro circuito
que después se convertiría en talismán, ya que tres
años más tarde sería el escenario de su primera victoria
en la Fórmula 1.
Ypor fin llegó la traca final, en el circuito de piloto por excelencia,
con la curva que marca la diferencia entre una estrella y un campeón
(Eau Rouge). Salió segundo, y en cuanto tomó el liderato empezó
a rodar un segundo por vuelta más rápido que el resto. Es
más, salió el safety car, los coches se reagruparon
y pese a ello, volvió a largarse del grupo, se los merendó.
Ni conocía el circuito ni conocía los otros nueve del calendario.Sólo
tenía una hora y media de entrenamientos durante el fin de semana
en cada uno de ellos. Por eso la gente de la Fórmula 1 se dio cuenta
del inmenso talento de Fernando ySpa fue el trampolín definitivo
de su fama en el mundo del motor. El domingo el romance con el trazado belga
podría ser definitivo.