- Masters de Augusta. Sergio García y Jon Rahm protagonizan un sábado sin movimiento
En Augusta hay que coger muchas calles y construir desde ahí", dicen Jon Rahm y otros ortodoxos. La norma la aplican el sábado, el día del movimiento, Scottie Scheffler, el número 1 del mundo, y especialmente Cameron Young, el número 3, aún sin grandes en su vitrina, pero un jugador excepcional. Entregaron sendos 65 en un Augusta National que comienza a tener tonos marrones en los greenes por el severo calor, síntoma de dureza extrema, pero que en la tercera jornada dispuso banderas para que los valientes buscasen apretar a Rory McIlroy. El norirlandés recuperó el liderato al final, aunque con muchas magulladuras. Jugó sobre par (73), el único entre los 17 primeros del torneo que lo hizo. Desastroso para sus intereses. Habrá Masters hasta los últimos 9 hoyos del domingo.
Rory está desafiando la máxima que se proclama de cómo se juega el Augusta National. Era líder con seis golpes de ventaja y penúltimo en la estadística de calles cogidas después de dos rondas. Ya es el último en este apartado. Porque el sábado siguió por derroteros semejantes, sin encontrar el mismo resultado. Mientras cargaban por todas partes, él pasó por continuos momentos de duda, tanto que Young llegó a pasarle cuando el mérito sobresaliente de un jugador que firmó siete bajo par, pese a caer en el lago del hoyo 15, enlazó con un cortorcuito semejante en el Amen Corner del vigente campeón. (Resultados)
Rory no había jugado bien hasta el rincón más simbólico del golf mundial. Había arrancado con un bogey y había desperdiciado los dos pares 5 de los primeros nueve hoyos. Sí, cierto, había dado un golpe de ensueño en el 3 (par 4) cuando cogió el green con el driver de un solo golpe. 350 yardas casi de vuelo. Una salvajada. Rozó el eagle.
Afrontó aún con renta los últimos 9 hoyos, los de la exhibición del viernes, donde había sacado rédito las dos rondas. Seis bajo par en la tarde anterior. Embocó un birdie en el 10 y ascendió a -13. Coincidió en el tiempo con el golpe al agua de Young, lo que parecía abortar la insurrección que había alimentado con su juego errático. Pero es un jugador tan genial, que a veces toma decisiones inexplicables.
En la calle del 11, el hoyo que da entrada al Amen Corner, se llenó de ambición. "Voy a seguir atacando", había avisado. Escogió el peor instante para no medir la estrategia. La bandera estaba muy cerca del Rae's Creek, un estanque que protege ese hoyo por la izquierda, y apuró tanto el golpe que botó en green y se ladeó hacia el lado fatal. Dropó y le hizo corbata un putt muy corto. Un doble bogey que reducía de tres a uno la renta con el estadounidense, un competidor excepcional, que además tenía el santo de cara. Tres bolas rebotaron en los árboles y regresaron a la calle durante su vuelta.
Young respondió en el 16 (par 3) con otro putt de mérito para ascender al 11 bajo par y Rory, en el 12, el par 3 del corazón del Amen Corner, la mando casi a las flores. Le costó otro bogey que le hizo saltar del liderato. Para remate, su tiro en la salida del lugar sagrado, un par 5, el 13, que estaba alcanzable de dos, se marchó a la pinaza más profunda. Ha jugado 12 pares 5 y sólo ha cogido una calle en estos tramos. Es asombroso que los haya jugado en ocho bajo par.
McIlroy ha trabajado como nadie este Masters. Desde que renunció al Arnold Palmer a mediados de marzo por problemas de espalda, ha viajado cada semana varias veces desde Júpiter (Florida) a Augusta en avión -una hora de vuelo- para entrenarse para la defensa. No tensó el rictus cuando venían malas dadas. Afrontó el 14 y metió un putt desde cuatro metros para sacar el puño y volver al coliderato. En el siguiente, el último de los pares 5, que en su memoria encierra porque allí el domingo de 2025 dio el gran golpe de su vida, sumó otro birdie más y regresó al 12 bajo par con el que había iniciado el día. Otra visita a los bosques en el 17 lo devolvió al lado de Young.
Ahora, en fin, la pelea por la chaqueta verde está muy abierta. Burns está a un golpe y Shane Lowry, que hizo un hoyo en uno en el 6 y ya es el único jugador de la historia con dos aces (el otro en 2016) en el National, está a tres. Incluso la puerta está abierta para Scheffler que a cuatro golpes podría copiar la secuencia que en los años pares en la década de los 60 interpretó Arnold Palmer. The King ganó cuatro así. El número 1 lleva dos (2022 y 2024). Referencias como Nicklaus y Tiger necesitaron ocho Masters para tener tres chaquetas. Ésta es la séptima participación en Augusta del texano. Está claro que el desenlace será histórico.



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