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Suspiro de liberación

El Sevilla sella la permanencia matemática pese a caer ante el Real Madrid y ya mira hacia el futuro

Akor adams
Akor adamsSEVILLA FC
Actualizado

El Ramón Sánchez-Pizjuán despidió su curso más tormentoso del siglo en plena catarsis por su salvación. Lejos del posible dramatismo de los transistores, una derrota estéril se tornó en liturgia debido a la liberación colectiva. El Sevilla cayó ante el Real Madrid por un polémico gol de Vinícius, pero los resultados ajenos sellaron matemáticamente la permanencia a falta de una jornada (0-1). La fotografía final mostró a un equipo y a una afición que han tenido que recurrir a todo su orgullo para superar la tempestad, dejando una base aprovechable sobre la que reconstruir su futuro.

Después de las rotaciones en la jornada intersemanal, Luis García Plaza apostó por la vuelta al once de Andrés Castrín y Gudelj en lugar de Azpilicueta y Agoumé. En el Madrid, Álvaro Arbeloa alineó a sus mejores hombres disponibles, incluyendo los regresos de Carvajal, Rüdiger, Bellingham o Mbappé. Al igual que en las últimas semanas, la puesta en escena del Sevilla pretendía ahogar el inicio de juego del rival, presionándolo con intensidad y manteniendo el bloque con las líneas muy juntas. De esa forma, robó varios balones en las inmediaciones del área del Madrid y dispuso de varios disparos que obligaron a Courtois a lucirse.

A diferencia de partidos anteriores, esta vez el Sevilla no optó por tanta asimetría en las bandas para crear superioridades, aunque Maupay ofreció apoyos constantes en la izquierda, donde los locales generaban su mayor peligro. Oso, el más destacado de la primera mitad, fue el más voluntarioso: se multiplicó tapando pasillos interiores e impidiendo que los mediocentros del Madrid se girasen. Sin embargo, los blancos encontraron el filón por el otro carril, donde Vargas no ayudó a un Carmona que sufría las continuas amenazas de Vinícius.

Gol polémico y grietas

El plan del Sevilla saltó por los aires al cuarto de hora con una acción que indignó a la grada. Brahim bombeó una pelota al área hispalense y Mbappé, al controlarla, golpeó con el codo en el rostro de Carmona, asistiendo a Vinícius para definir a placer. Hemos visto tantas faltas de este tipo en las últimas temporadas que cuesta entender por qué el colegiado Sánchez Martínez no la sancionó. Fue el cénit de un arbitraje desconcertante hasta en saques de banda y con un listón contradictorio, alternando tramos de rigurosidad o permisividad en los contactos.

El impacto del gol agrietó la zaga por el flanco de Carmona, sobre todo porque el Sevilla perdía coordinación en la presión alta y permitió que el Madrid le transitara con comodidad. Ante la tendencia de Gudelj de proyectarse en ataque más que de vigilar las marcas en la medular, Sow tuvo que abarcar mucho terreno. El suizo se implicó al máximo tanto en las coberturas defensivas como en la construcción del juego y acabó desfondado. Su buen rendimiento esta temporada es una de las noticias positivas del equipo (5 goles, 4 asistencias y 89% de acierto en pases).

La nueva guardia

La reanudación mostró a un Sevilla más nervioso, propiciando pérdidas muy comprometidas en campo propio. Sin embargo, en ese escenario emergieron con fuerza Castrín y Kike Salas. El enorme tramo final de Liga de ambos, con un liderazgo y una madurez impropia de su juventud, seguramente sea lo que más ilusione al sevillismo. Castrín secó a Vinícius en los duelos individuales gracias a su inteligencia defensiva (cuatro entradas exitosas, cinco despejes y dos intercepciones). El gallego dejó otra actuación colosal completada con su valentía para salir con el balón en conducción desde el perfil diestro.

Junto a Castrín, Kike Salas ejerce como el socio perfecto contagiando su garra a los compañeros y a la grada, que lo terminó ovacionando. El zurdo firmó una hoja de servicios inmaculada con seis robos de balón y ganando todos sus duelos aéreos, donde es un especialista. Su momento cumbre de la tarde llegó al corregir un desajuste defensivo para abortar un mano a mano clarísimo de Mbappé ante Odysseas que ya se cantaba en el banquillo visitante. La consolidación de los canteranos, abanderados por los dos centrales, es una de las mejores bases del club para el proyecto venidero.

Falta de colmillo

"Nos ha faltado mucho colmillo porque hemos generado. El equipo está creciendo en el juego y noto una evolución", dijo García Plaza al término del choque. El técnico intervino de nuevo con acierto en los cambios, retirando a Gudelj, Maupay y Vargas -despedido con pitos por la grada- para dar entrada a Agoumé, Ejuke y Alexis. El movimiento reactivó a equipo en ataque: el francés ayudó a Sow en la elaboración, el nigeriano agitó las bandas y el chileno aportó visión entre líneas y orden en la presión alta.

En el tramo final, ya con Juanlu e Isaac en lugar de Carmona y Oso, el Sevilla perdonó varias opciones francas en el área del Madrid, con un Akor Adams que no estuvo fino. Por tanto, se fue de vacío en un partido donde mereció algo más, pues recuperó más balones, cometió menos pérdidas, ganó más duelos y tiró seis veces a portería frente a un único remate entre palos de los blancos -eso sí, estrellaron otro disparo en la madera-. El precio habitual que se paga ante los transatlánticos, aunque no atraviesen su mejor momento.

Mirada al futuro

Con 43 puntos, el Sevilla abrocha la permanencia superando los registros de sus dos campañas anteriores. Los hispalenses logran la supervivencia gracias al buen trabajo de Luis García Plaza, el compromiso de sus jugadores y la fuerza de su afición. "Mucha gente me dijo que no viniese por lo que el Sevilla representa, pero soy un tío echado para adelante y lo que he vivido aquí no me lo va a quitar nadie", reconoció el entrenador, que admitió que ha sido el mayor reto de su carrera por reanimar a un equipo "enfermo" y haberse sabido adaptar a los recursos que tenía: "El equipo ahora sabe cómo jugar y tiene una estructura, que es lo que a mí me preocupaba".

La última visita a Vigo será un mero trámite. El Sevilla se adentra en una etapa de reflexión institucional que debe servir, esta vez sí, para aprender de sus errores, en un bienio donde ha estado demasiado lejos del lugar que le corresponde como entidad. El horizonte inmediato promete sacudir los cimientos del Sánchez-Pizjuán con el cambio de ciclo en la propiedad, que pasará a manos del holding Five Eleven Capital con Sergio Ramos como estandarte. Aunque el futuro del banquillo sigue siendo una incógnita, García Plaza se marchará de vacaciones con el deber cumplido por haberle dado al club su ansiado alivio.

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