Pablo Torre se mudó a Mallorca para ser “capitán general”. Así lo confirmó, de hecho, en una entrevista que concedió a este mismo diario hace unas semanas, donde explicaba que, a pesar de las tentadoras ofertas que tenía encima de la mesa, buscaba un sitio que le ofreciera la confianza que el club bermellón sí le dio, un lugar donde coger muchas horas de vuelo y sobre todo y sin que suene redundante, recuperar la confianza en su fútbol.
Todavía es pronto, eso vaya por delante, pero lo cierto es que en estos primeros dos meses de competición las sensaciones del ex del Barça no son las mejores. En cuanto a minutaje se refiere, se puede intuir que no acumula las horas de fútbol que a él le habría gustado a estas alturas de temporada. El de Soto de la Marina solo ha jugado un partido completo en las 9 jornadas disputadas hasta la fecha, siendo uno de los cambios habituales de Arrasate. Por lo menos cuando sale de inicio, porque en los últimos 3 partidos, en dos de ellos ha salido desde el banquillo, incluida la remontada del pasado sábado en el Sánchez Pizjuán.
La aportación del cántabro nada tiene que ver tampoco con la temporada pasada si nos ceñimos a los datos, donde en 14 partidos aportó 4 goles y 3 asistencias al plantel de Flick, contribuyendo en un gol cada dos encuentros y eso que no disputó ninguno entero. Esta temporada, de momento solo ha dado una asistencia, cuando en el Bernabéu puso un córner en la cabeza de Muriqi que acabó en el fondo de la portería de Courtois
Lo positivo es que, si hablamos de actitud, no hay nada que reprocharle y, además hay datos que lo reflejan. El mediapunta es el futbolista que más faltas hace del equipo con 15, 4 más que Antonio Raíllo. Es un dato que objetivamente no es positivo pero que, si lo observas con perspectiva, refleja que en el aspecto de aportar intensidad y de estar al servicio del equipo, no se borra.
Nadie va a dudar ahora del fútbol que Pablo Torre tiene en sus botas, un jugador talentoso y que siempre te llena el ojo con un gran repertorio de gestos técnicos, además, a su favor hay que decir que en muchos partidos esta temporada, Jagoba Arrasate ha planteado un dibujo en el que él no se ha visto demasiado cómodo, con una línea de 5 atrás y donde los centrocampistas tienen mucho trabajo y en los que, por el devenir del mismo, los bermellones han tenido que estar mas preocupados por defender que por crear juego. Ni que decir tiene que se ve mucho mas cómodo en un futbol asociativo y con cierta vocación ofensiva, que en un fútbol más físico y defensivo.
Por todo ello, Jagoba Arrasate tiene un diamante en bruto que pulir, porque con la irrupción de Jan Virgili, el estado de forma de Vedat Muriqi y el despegue goleador de su buen amigo Mateo Joseph, imagínense lo que podría suponer para el Mallorca incorporar a la causa al de Soto de la Marina, sobre todo si el técnico vasco consiguiera acomodarlo en la parcela ofensiva para nutrir de balones al elenco de atacantes que hay en Son Moix. Por eso, el de Berriatúa tiene trabajo que hacer con un Pablo Torre que todavía no encuentra su mejor versión en Mallorca.



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