Carlos Espí es uno de los delanteros de moda del fútbol español. Su corpulencia era llamativa, pero hasta que no ha llegado Luís Castro no ha mostrado sus cualidades en su máximo esplendor. El atacante valenciano de apenas 20 años ha pasado en pocos años de jugar en campos de tierra (por el simbolismo) a hacerlo en la elite. Un ejemplo de esos que resultan curiosos. Que parece que van a llegar a tarde al mundo del fútbol pero que se engancha a ese especie de último vagón y logra ir a velocidad de crucero. El caso es que Espí está mostrando que no solo es un goleador de emergencia. Se está ganando un nombre como titular y sabe aprovechar sus cualidades.
El caso es que Espí lleva 14 goles en el fútbol profesional, entre Primera y Segunda división, desde que debutara hace casi dos años. El ariete queda lejos del prototipo de 'tanque torpón' por sus 194 centímetros. Muy lejos. Ha sabido hacerse un hueco con paciencia. De hecho, sus goles son de lo más variado.
Esas 14 dianas se reparten en una con la pierna izquierda, cinco con la pierna derecha, cinco más con la cabeza y dos en contragolpes finalizados con pierna derecha. Es decir, maneja todos los tempos a la hora a afrontar su reto con el marco contrario y rompe con lo del delantero estorbo. Maneja bien sus cualidades y presencia en el área.
Luís Castro se ha atrevido a ponerlo de titular
Espí le debe a Felipe Miñambres por darle la oportunidad de debutar en el fútbol profesional, a Julián Calero por mantenerlo en el equipo y cuando recurría a él casi siempre ha sido para sumar. En positivo. Pero con la llegada de Luís Castro hay un antes y un después.
El delantero valencianoha sabido poner las piezas del puzle cada vez que le tocaba jugarlas. Ha sido suplente ejemplar y ha aprovechado sus oportunidades y cuando ha sido titular lo está aprovechando por su actitud en el campo.
Lo fue ante el Girona y marcó con la paciencia que requería el choque. Y lo mismo ocurrió ante el Rayo Vallecano. Espí le ha respondido cuando ha sido titular.

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