La primera jugada, el saque de centro, ya fue una entrada salvaje. Miograd Kustudic, el 9 de Yugoslavia, se lanzó con los dos pies por delante a por el español que puso la pelota en juego, Juanito. Esquivada la tremenda entrada, el 7 de España caía al suelo quejándose de un golpe en la garganta de Jusf Hatunic. Son los 10 primeros segundos de un partido que pasó a la historia de la selección española como la Batalla de Belgrado. La dureza que se vivió en el Pequeño Maracaná, donde España juega este jueves ante Serbia, es incomprensible hoy, 47 años después.
MARCA recuerda ese partido con seis de sus protagonistas, tres españoles y tres jugadores de la selección yugoslava. Una cita que era una final con una sola plaza en juego para el Mundial de Argentina. A España le bastaba con empatar o perder por un gol.
La fecha del partido fue el 30 de noviembre de 1977. El día anterior, Yugoslavia celebró su día nacional y el gobierno de Tito decidió que se alargara la celebración y ese miércoles tampoco se trabajara. Motivo: el gran partido de fútbol.
REVANCHA
El gol de katalinski en 1974
Yugoslavia dejó a España fuera del Mundial Alemania de 1974. Lo hizo en un partido de desempate que se tuvo que disputar en Frankfurt. El famoso gol de Katalinski decidió.
RELACIONES DIPLOMÁTICAS
Toros antes que embajador
Yugoslavia se negó a mantener relaciones diplomáticas con España hasta que no muriese Franco. El 31 de octubre de 1977, Fernando Olivié González-Pumariega se convirtió en el primer embajador español en Belgrado desde 1941. En 1971, Luis Miguel Dominguín toreó en la capital yugoslava en un evento de la Universidad de Belgrado.
VENGANZA
A la "caza" del yugoslavo en Elche
El partido de Belgrado se jugó a las una y media de la tarde. Y se televisó. Por la noche, la sub 21 ganó 1-0 (gol de Gordillo) en Elche. A los yugoslavos se les lanzó de todo: botes, naranjas, alguna botella... Nadie fue alcanzado.
POLÍCIA
Un perro tras un espontaneo
Antes del partido de Belgrado, un espectador saltó al campo con una bandera. La policía lanzó un perro a su caza.
Belgrado, como toda la nación, vivía en un estado de sobreexcitación después de la victoria dos semanas antes por 4-6 en Bucarest. Horas antes de que el inglés Ken Burns diera orden de empezar, las gradas del campo del Estrella Roja eran un manicomio.
De los seis testimonios que casi medio siglo después recuerdan la Batalla de Belgrado, sólo Safet Susic niega que se viviera algo excepcional. Lo cierto es que las imágenes no dejan en buen lugar la evocación de ese día del que fue uno de los jugadores con más talento que dio la fina escuela yugoslava. En más de una de las acciones que bordean el delito aparece implicado.
EL BOTELLAZO
En ese ambiente exacerbado y colérico se rozó la tragedia con el botellazo que impactó en la cabeza de Juanito. La entrada que sufrió el delantero español justo antes del cambio y su gesto con el pulgar hacia abajo a la grada son un ejemplo de la violencia extrema que presidió esa tarde fútbol en Belgrado.
Fueron momentos de pánico. Para los que estaban allí. Y más para la familia de Juanito, que veía las imágenes por televisión. Su mujer, María del Carmen, estaba embarazada por segunda vez (Roberto) y cuidaba de un niño de algo más de un año (Juan David). Después, Juanito les contaría en un viaje en coche lo que vivió, pero a los tres se les ha perdido en el tiempo qué les dijo.
Un gol de Rubén Cano ("un verdadero churro", cuenta su autor) llevó a España al Mundial de Argentina. La selección había conquistado la Batalla de Belgrado, de la que regresó Pirri con el peroné roto. En Madrid fueron recibidos como héroes. No era para menos visto a lo que habían sobrevivido.