- Derrota dulce. Descansar es 'ganar' para el Atlético
Pese a que a Atlético y Barcelona les une un eterno rival en común, a las flores que Simeone y Flick acostumbran a tirarse en las previas y a que los jugadores de uno y otro lado no se caracterizan por llevar los partidos al barro, el partido que abrió la trilogía de enfrentamientos en penas diez días evidenció la tensión que se palpa con la frenética eliminatoria de los cuartos de la Champions que asoma a la vuelta de la esquina. Pese a que a los locales no les iba demasiado clasificatoriamente y a pesar de que la derrota del Madrid en Mallorca despejaba aún más el camino a los azulgrana, saltarían chispas, anunciando lo que está por venir.
Que dos jugadores de guante blanco como Koke y Olmo desataran las hostilidades dejan claro lo mucho que hay en juego, protagonizando la primera de las varias tanganas en las que se verían involucrados los futbolistas de un bando y otro. El azulgrana afearía a Giuliano que había exagerado un choque entre ambos, recibiendo la reprimenda del capitán rojiblanco. Lo justo para que seguidamente se sucedieran empujones y se produjera una montonera que Busquets Ferrer resolvería con la tarjeta para la leyenda del Atlético, Fermín y Molina por más que no fueran los únicos participantes en la refriega.
Una guerra que también llegaría a los integrantes del banquillo a raíz de la expulsión de Nico Gonzalez. Con medio Barcelona reclamando penalti, todo el Atlético pidiendo un fuera de juego previo que librara al argentino de irse a la caseta y todo ello acompañado de una constante presión desde ambos bandos mientras el colegiado revisaba la jugada en el monitor, la tensión volvería a ser evidente.
Una roja que aumenta el 'incendio'
Un clima que no se rebajaría en la segunda parte ni mucho menos, pues sería después de que Gerard Martín despejara primero y pisara a Almada después, cuando banquillos y jugadores volverían a clamar. Mientras los azulgranas protestaban la roja mostrada en un primer momento, los rojiblancos no daban crédito a que Busquets Ferrer diera marcha atrás y lo dejara en amarilla. Más aún después de que una acción calcada en un Betis-Rayo fuera explicada por el CTA en el ‘Tiempo de revisión’ hace cinco jornadas, calificándola de “juego busco grave” que debería haber conllevado la roja. El expulsado, para más inri, sería Hernán Bonvicini por protestar.
Tampoco Simeone se libraría de la polémica tras reclamar una amarilla. Para entonces, los de Flick mostraban su indignación con el ímpetu con el que Taufik había cometido dos faltas casi consecutivas. Cualquier acción bastaba para que saltaran chispas. Y esto no ha hecho más que empezar...
Comentarios