Un zambombazo de liberación frente al Barcelona para redondear el 4-0 en la ida de las semifinales de Copa y un penalti sin que le temblara el pulso contra el Brujas en sus dos últimas titularidades dan fe de que los once partidos sin ver puerta y los 64 días entre medias de angustiosa espera de Julián Alvarez para volver a celebrar un gol ya son historia. Aún con todo, por si aún quedara algún resquicio de duda sobre el regreso a su normalidad, la Araña afronta hoy el reto de recuperar su rutina también en LaLiga y acabar de enterrar todos los fantasmas.
No en vano, es precisamente el campeonato doméstico el marco en el que ha mostrado su lado más desconocido, pues tras firmar seis goles (triplete al Rayo y doblete ante el Madrid, incluidos) en las primeras siete jornadas, detendría su cuenta en siete tras anotar al Sevilla en la decimoprimera. Concretamente, el ya lejano 1 de noviembre, encadenando desde entonces 13 apariciones, 112 días y 821 minutos con la pólvora mojada.
De ahí que el argentino persiga esta noche el tanto de la confirmación precisamente ante un Espanyol ante el que ya celebró en la inauguración del campeonato probablemente su mejor diana del curso, un gol de bandera tras colocar en la escuadra de Dmitrovic una falta sólo comparable a la que transformó ante Courtois en el derbi. De hecho, en Cornellà rozó un doblete frustrado por el palo, que evitó que Julián culminara una espectacular combinación colectiva. Otro motivo para resarcirse.

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