“¿Quién eres tu?”, le espetó Lamine Yamal durante una tangana formada en pleno 4-0 del Atlético al Barcelona. Con la misma humildad con la que nunca levantó la voz y siguió trabajando incluso cuando parte de su propia afición castigó desmedidamente cada uno de sus fallos, Nahuel Molina no aludió a la estrella de campeón del mundo que luce en su pecho. Tampoco hizo falta, pues su descomunal actuación con la que ha regresado por sus fueros ya lo había dicho todo.
La estadística del partido revela una asistencia a Griezmann en el 2-0, lo que supone la tercera en sus enfrentamientos contra el Barcelona, pues de sus botas salió el gol de Baena en la visita liguera y el caramelo a Sorloth para que el Atlético ganara en la Ciudad Condal por primera vez en el Cholismo la temporada pasada.
Sin embargo, lo que no reflejan los números es que con sus incontables apariciones en campo rival también se gestó el cuarto gol (brindaría un pase letal a Lookman antes de que éste asistiera a Julián) y otras ocasiones con valor gol por más que se fueran al limbo: el despeje de Koundé bajo palos tras remate de la Araña, el remate fuera de Sorloth en boca de gol con Joan García ya vendido....
Como en las grandes citas
Una incidencia en el ataque reflejada en otro dato: de sus 39 pases (36 buenos, un 92% de acierto), 17 fueron en campo rival, perdiendo únicamente dos balones pasada la línea divisoria. Una vuelta, en definitiva, al nivel con el que Molina regresó de Qatar en su primera temporada como rojiblanco, resumido en cuatro goles y otras tantas asistencias (ante otro de los grandes, como el Real Madrid, incluida).
De hecho, tras haber repartido tres pases de gol en lo que va de curso, su cuenta ya se eleva a 15, siendo precisamente el gol su próxima asignatura pendiente. En este sentido, ningún rival más propicio que el Rayo, pues dos de sus siete tantos en el Atlético fueron frente al conjunto franjirrojo.
No hay que olvidar tampoco que su capacidad para transformarse en un atacante más también se reflejaría en el mismísimo Parque de los Príncipes, marcando al PSG que se coronaría campeón de Europa. Ese mismo Molina asoma ahora para mantener la titularidad en Butarque y seguir liderando silenciosamente.

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