DEBACLE DE VOLKSWAGEN EN LAS TEMIDAS ETAPAS MAURITANAS
El jefe de Sainz tiene cara de poema
Hago guardia en el campamento de Volkswagen. Las caras son de poema homérico. A Kris Nissen, jefe de Volkswagen, que tiene el rostro desfigurado de un accidente cuando era piloto, el gesto le hace aún más temible. Nadie tiene agallas a acercarse a él a preguntarle. Igual te lanza un ladrido y tienes que recular. Estos alemanes lo tienen todo meticulosamente medido hasta que deja de estarlo. Cuando les sacas del cuadrado, no saben moverse en el círculo. Y ni Sainz ni De Villiers aparecen. No quiero ni imaginar el mosqueo de Carlos,que lleva dos etapitas de dedicarse a otra cosa. Un camión lo trae hasta el vivac, de paseo y a velocidad de crucero tortuga.
Hemos llegado a Nema, en un costado de Mauritania. En esta parte del mundo, rayana con Mali, no hay esperanza. Luego hay gente que se pregunta por qué demonios se juegan la vida en una patera. Entre los conflictos "con los rebeldes", como llama Arcarons a los tuaregs, y la miseria extrema, estamos en otro planeta. Lo juro. Aquí se te pone la carne de gallina. El desbarajuste humano pone los pelos de punta. Las cabras se alimentan de papel y desperdicios y los humanos no se alejan de este cuadro. La gente husmea entre los vertederos y los niños, cuando les das lo que tienes, luchan como depredadores por un simple zumo. No me extraña que hasta Sainz diga que en África "te das cuenta de que hay prioridades y prioridades". Él también sufre este decorado y asegura "acordarse mucho de sus hijos". Yo, que aún no tengo, pienso mucho en mis sobrinos. Aquí seguramente morirían antes de los cuatro o cinco años. Hay alguien escondido en alguna parte muy poderoso y también humanamente despiadado para permitir esta atrocidad.