Entrevista a Javier Cercas: "Me gustaría que el fútbol volviera a ser un deporte de verdad. Si pierdes el respeto a las reglas y al contrario, ya no estás jugando al fútbol" | Calendario de Adviento de decoratingmart.com

"Me gustaría que el fútbol volviera a ser un deporte de verdad. Si pierdes el respeto a las reglas y al contrario, ya no estás jugando al fútbol"

J. Cercas:

"Me gustaría que el fútbol volviera a ser un deporte de verdad"

Se despide con un abrazo de los actores Álvaro Morte, Eduard Fernández y Manolo Solo, con los que ha compartido la última entrevista de promoción de la serie de Movistar 'Anatomía de un instante', basada en su libro homónimo. Javier Cercas (Ibahernando, 1962) atiende por primera vez a MARCA en el hotel Villa Real para hablar de deporte y repasar un buen 2025, que arrancó con su libro 'El loco de Dios en el fin del mundo' y acaba con una serie.

"Que el Vaticano me eligiera a mí para escribir un libro es algo parecido a un milagro"

Begoña Fleitas
por Begoña Fleitas

PREGUNTA. Usted se confiesa ateo y anticlerical y el Vaticano le eligió para escribir un libro sobre el Papa. ¿Eso fue un milagro?

RESPUESTA. Algo parecido a un milagro (risas). En este libro han concurrido muchos milagros, la verdad. Es muy raro. Hay que pensar que el Vaticano nunca había abierto sus puertas a un escritor. Esto es rarísimo. Al hecho de que eligieran a un escritor no creyente, aunque católico de cultura, porque aquí todos somos católicos, no tengo una respuesta. Es la única pregunta que no hice durante dos años. Ahora me la han hecho muchas veces y hay mucha gente que especula sobre eso, muchas respuestas. La que más me gusta es la de que fue el Espíritu Santo el que los iluminó. Porque es un privilegio inmenso, la verdad.

P. Para usted este libro tenía un propósito personal: que el Papa le respondiera una duda que tenía su madre sobre la vida eterna. ¿Fue su única razón para aceptar el encargo?

R. Este es un libro sobre la religión y sobre el catolicismo. Yo hubiese aceptado de todas las maneras porque es muy sencillo. La Iglesia católica ha sido totalmente determinante durante más de 2000 años de historia. Estamos acostumbrados a verla por todas partes y al final no la vemos porque es un caso único. Todos los imperios han caído, pero la Iglesia sigue ahí. Yo no podía desaprovechar la oportunidad que me daban de abrirme las puertas, de preguntar lo que quisiese.

Pero por otro había una cuestión personal que es decisiva para el libro. cuando me hacen esta propuesta en lo primero que pienso es en mi madre. Era una persona profundamente creyente, como tantas de su edad y de su generación. Y lo que ella decía cuando se murió mi padre, con el cual llevaba toda la vida casada, es que iba a verle después de la muerte, lo que dice el cristianismo. Instantáneamente supe de qué iba a tratar este libro. Trata de un loco sin Dios, o sea, alguien como yo, como la inmensa mayoría de españoles y occidentales, educado en el catolicismo que ha perdido la fe en algún momento, que va a buscar al loco de Dios, que es el Papa Francisco, al que le llamo el loco de Dios porque él se llamó a sí mismo Francisco por Francisco de Asís y Francisco de Asís se llamaba a sí mismo el loco de Dios. El loco sin Dios que va a buscar al loco de Dios hasta el fin del mundo, Mongolia, para hacerle una pregunta fundamental: ¿Mi madre va a ver a mi padre después de la muerte? Preguntarle a él, que es la persona más autorizada, si no la única autorizada, a contestar esa pregunta, para escuchar su respuesta y llevársela a mi madre. Así que en cierto modo, esto es una novela policial, solo que el enigma de esta novela no es un enigma cualquiera. Es el enigma de los enigmas, el enigma fundamental del cristianismo, es decir, la resurrección de la carne y la vida eterna.

P. ¿Qué fue lo que más le sorprendió de ese viaje?

R. Me sorprendió absolutamente todo. Todo, desde el principio hasta el final. Mi visión de la Iglesia ha cambiado por completo, mi visión del cristianismo ha cambiado por completo, mi visión del Vaticano ha cambiado por completo. Mi visión de mí mismo ha cambiado por completo. El esfuerzo más grande que yo he hecho para escribir este libro ha sido limpiarme la mirada de prejuicios, porque todos estamos saturados de prejuicios sobre la Iglesia Católica, el Vaticano, el cristianismo... prejuicios en contra, a favor... Entonces el esfuerzo real ha sido limpiarme la mirada de prejuicios y llegar allí con ojos limpios a ver qué es lo que hay de verdad: de qué está hablando la Iglesia hoy, quiénes son los que la gobiernan, quién era este señor que se llamaba Francisco... Y si haces ese ejercicio, que es lo más difícil, todo es sorprendente, desde el principio, con una propuesta que nunca habían hecho, hasta el final, que si yo fuera creyente creería que es un pequeño milagro..

El Papa no podía decir que Messi es Dios, pero me extrañaría que respondiese de una manera taxativa

P. El Papa Francisco era un gran aficionado al fútbol, seguidor, entre otros equipos, de San Lorenzo de Almagro. ¿Cree que ese aspecto le hizo conectar aún más con la gente?

R. Es posible, es posible. Conectar con la gente y, sobre todo, con lo más popular. Se le ha llamado el Papa de los pobres y había gente que decía: Qué raro, un Papa que se interesa por los pobres. Yo digo, cómo que raro, lo raro es el Papa que no se interesa por los pobres, porque el cristianismo es eso. Y este hombre lo tenía muy claro. Yo creo que le gustaba el fútbol simplemente porque le gustaba el fútbol, así de fácil. El fútbol en Argentina es casi una religión. Y eso le volvió más próximo. También el tango... Pero claro, si no te gusta en Argentina el fútbol, eres casi un bicho raro.

P. Y, sin embargo, el Papa decía que 'Messi no era Dios'. ¿Cree que afirmaba eso porque no le vio jugar por esa promesa de no ver la televisión o porque como Pontífice no podía permitirse una metáfora así?

R. A lo mejor decía que Messi no era Dios porque Dios era Maradona.

P. Dicen que a él le gustaba Pelé...

R. Eso no lo sabía... Pero en Argentina es una herejía. Yo creo que era más de Maradona. Es verdad que él no veía la televisión, pero seguro que algún partido de fútbol vio al final, igual el último Mundial que ganó Messi. El Papa no puede decir que Messi es Dios, pero me extrañaría que respondiese de una manera taxativa. Diría, bueno... Porque, obviamente, es una pregunta con ironía y él era un hombre con ironía.

"Escribiría la 'anatomía de un instante' del gol de Iniesta, pero concretamente de la camiseta que llevaba debajo. Fue un momento mágico"

P. Religión y deporte comparten aspectos como el sentimiento de pertenencia a la comunidad, la identidad, la devoción, incluso el fervor. ¿El seguidor de fútbol es como el creyente? ¿Tiene esa 'adhesión sentimental' que usted definió en su libro que es la fe?

R. El seguidor de fútbol auténtico, sí. Hay una película famosa donde se dice: "Se puede cambiar de todo... menos de equipo de fútbol". Esos son los seguidores religiosos, que son los buenos, los que sufren. Yo no soy un buen seguidor porque yo soy laico. Solo quiero divertirme, para sufrir ya tengo bastante con otras cosas. Yo veo fútbol para divertirme. El último Europeo lo seguí. Veo muy poco fútbol, sólo con mi hijo. Pero vi un partido de la selección española, mientras hacía otra cosa. Los vi jugar y dije: joder, esta gente juega muy bien. Yo no sabía que eran tan buenos porque a muchos no los sigo regularmente. Ya me enganché, vi casi todos los partidos de la selección y efectivamente juega muy bien. Yo soy un mal aficionado al fútbol porque el aficionado al fútbol tiene una adhesión sentimental, es casi una religión. Y sufre, claro, cuando su equipo pierde, pero luego disfruta muchísimo. Es una relación pasional.

P. También en su última obra habla de cómo pasó de ser un "chaval católico y amante de los deportes" a entregarse a hábitos menos saludables tras leer 'San Manuel Bueno, mártir'. ¿Le ha pasado algo parecido con el fútbol? ¿Se desengañó en algún momento?

R. Sí, yo esto lo escribí. Hice un artículo que se titulaba 'Contra el fútbol' y la semana siguiente escribí otro titulado 'A favor del fútbol'. Porque es verdad. A mí hay una cosa que no me gusta y es la ética que parece que se ha impuesto en el fútbol. Yo soy muy aficionado al tenis. Y el tenis es un deporte de verdad, hasta excesivo a veces. Cuando toca la pelota la red y entra en el campo contrario, los tenistas se piden disculpas. Yo he jugado al tenis y se hacía habitualmente, es una cosa como exagerada. Es como pedir disculpas por tirar al palo y que luego entre la pelota. Ha entrado la pelota, por tanto, es gol. Creo que esto en el fútbol habría que corregirlo. No quiero parecer cursi o pusilánime, pero no puede ser que se celebre que un jugador pegue patadas al otro, que haga trampas. A mí no me gusta. Y que jugadores como Casillas, Iniesta o Xavi, que eran señores que hacían las cosas como es debido y que alguna vez les habrán expulsado, pero no eran camorristas ni tramposos, sean excepciones. A mí eso me fastidia. Y un señor que le mete el dedo en el ojo a un entrenador contrario delante de millones y millones de personas, para mí no tenía que haber entrenado nunca más en un equipo de fútbol.

Eso no debería ocurrir, pero ocurre. El fútbol es como todas las cosas que tienen tanta potencia, como la ciencia, como la religión, que tienen una potencia desmesurada y con eso se puede hacer lo mejor y también lo peor. Yo cuento siempre la anécdota de Didier Drogba. El grandísimo Drogba, jugador del Chelsea,gana con Costa de Marfil por vez primera la Copa de África. Están eufóricos. Pero su país está en guerra civil. Y Drogba, que era el líder absoluto, les dice a sus compañeros, 'todos de rodillas, a exigir que se acabe la guerra. Esto se tiene que parar'. Y consiguieron que se parase. Toma ya. El Papa no es capaz de que se pare una guerra, pero Drogba y sus compañeros lo consiguieron. Los jugadores son ciudadanos. ¿Por qué no portarse bien en vez de portarse mal? ¿Y por qué tiene que imperar esa ética de la picaresca, la trampa y la suciedad? Esto es un deporte. Yo he hecho deporte y con el deporte se pueden hacer maravillas. Albert Camus decía: "Todo lo que sé sobre moral lo aprendí jugando al fútbol". Tenía toda la razón del mundo. ¿Y qué se aprende del fútbol? Dos cosas fundamentales, como con el deporte en general: el respeto a las reglas y el respeto al contrario. Si pierdes el respeto a las reglas y al contrario, ya no estás jugando al fútbol. A mí me gustaría que el fútbol volviera a ser un deporte de verdad. 

P. En su libro, asegura: "Si no corro un día me pongo nervioso, si no corro dos días me pongo nerviosísimo, si no corro tres días me entran ganas de practicar el canibalismo". ¿Qué ha encontrado en el running y cómo llegó hasta él?

R. He encontrado una droga. Correr es una droga, como la literatura es una droga. Hay drogas saludables y otras menos saludables, pero es adicción pura. Yo voy a correr cada día. Esté donde esté, aunque esté en China, corro. He encontrado un placer inmenso. Y para mí es fundamental: para escribir, para vivir, para estar tranquilo.

El aficionado de fútbol auténtico es como el creyente. Esos son los seguidores religiosos, los buenos, los que sufren. Yo no soy un buen seguidor porque soy laico. Solo quiero divertirme

P. ¿Corre con música o es un momento para pensar en otras cosas?

R. Yo voy con el móvil para controlar el tiempo, porque yo corro 55 minutos al día, siempre, ni más ni menos. Entonces a veces, efectivamente, apunto frases, ideas, de todo. Sumar el placer de correr al placer de la música me parece excesivo. Para pensar es fantástico, es que simplemente es un placer inmenso. La gente se cree que los que corremos lo hacemos por disciplina, para guardar la línea, cosa que yo no hago... Lo hacemos por pura adicción, por puro placer. Es así de fácil, no tiene ningún mérito, todo lo contrario.

P. ¿Qué opinión tiene de las redes sociales como forma de comunicación?

R. Yo las redes sociales no las uso, las vigilo. Es inevitable saber de qué va. Es como cualquier otra forma de comunicación, como cualquier cosa. En sí mismo, no es ni bueno ni malo. Todo depende de cómo las usemos, como la televisión, la prensa, los libros... Está 'El Quijote', pero también está 'Mein Kampf', el libro de Hitler, ¿verdad? Entonces todo depende de nosotros. El problema de las redes sociales es que no tenemos un control sobre ellas, un control democrático. Pero se pueden usar para cosas buenísimas.

P. En su discurso de ingreso en la RAE hizo un símil entre la literatura -o la lectura- y el sexo. ¿Buscaba un titular o no se le ocurría otra manera de convencer a los que no son lectores?

R. Estaba intentando explicar exactamente qué es la literatura. Es todo mi propósito. La literatura es un placer, como el sexo, pero también es una forma de conocimiento, como el sexo. Por eso, cuando alguien me dice que no le gusta leer, lo único que se me ocurre es darle el pésame o acompañarle en el sentimiento. Es como alguien a quien no le gusta el sexo. Lo que estaba intentando era ser lo más preciso posible. Luego, sí, eso llamó la atención en los titulares, pero me da igual porque lo que pienso es eso exactamente. La literatura es una forma de vivir más, de una manera más rica, más intensa y más compleja. Eso también es el sexo.

Con el deporte se pueden hacer maravillas. El Papa no es capaz de que se pare una guerra, pero Drogba y sus compañeros lo consiguieron

"Un señor que le mete el dedo en el ojo a un entrenador contrario delante de millones de personas, para mí no tenía que haber entrenado nunca más a un equipo de fútbol"

P. ¿Qué supone para un escritor que uno de sus libros cobre vida como serie?

R. Bueno, es que de mis libros han hecho de todo: series, películas, teatro, cómic... De alguno ya solo falta la versión porno, francamente. Supone una alegría, una satisfacción. Supone que el libro va a tener más vida, una vida distinta, en otros formatos. Luego la película o la serie puede gustar más o menos. Yo nunca intervengo para nada, intento molestar lo menos posible. En este caso espero que la serie guste mucho.

P. Y alguien que no haya leído el libro o que lo vaya a releer ahora con motivo de la serie, ¿qué cree que puede descubrir de ese 23 F o de ese contexto histórico?

R. Espero que descubra en el libro la mayor aventura que ha habido en este país, que es la aventura de la conquista de la democracia. Eso es lo que cuenta ese libro a través de un instante minúsculo, pero es lo que cuenta en el fondo. Está el golpe de Estado, están muchas cosas, pero es un libro de aventuras: la aventura más extraordinaria que se ha producido en este país, con todas sus cosas buenas, sus cosas malas, con todas sus complejidades. La aventura de la conquista de la democracia en España. Y es una aventura muy compleja, apasionante, extraordinaria, con personajes extraordinarios. Y espero que el libro les dé placer y les dé conocimiento, pero antes que nada placer. Para eso está la literatura, repito.

P. ¿De qué acontecimiento deportivo hubiera querido hacer la 'Anatomía de un instante'?

R. Hay uno. Y es muy evidente, como el del golpe de Estado del 23 de febrero. Es muy complicado, pero lo haría del gol de Iniesta. ¿Y sabes de qué específicamente? De la camiseta que llevaba debajo, de la de Jarque. ¿Por qué ese chaval hace eso? Y va y mete el gol ese, entonces todavía más extraordinario. Eran amigos íntimos, sí, pero va, lo escribe y mete el gol. Este hombre se acuerda de un muerto, y va y mete el gol. Porque había muchas posibilidades de no anotar ese tanto. Pero lo hace y en el último momento. Eso me parece un instante mágico. Ya no es solo que ganan un Mundial, es que va y lleva esa camiseta. Fue un momento extraordinario.

P. Usted escribió su último libro por satisfacer un deseo de su madre y yo creo que de esta charla estaría muy orgulloso Juanito de Miguel.

R. Eso sería bonito.

Correr es una droga, como la literatura es una droga. Es adicción pura. Salgo a correr cada día. Y para mí es clave: para escribir, para vivir, para estar tranquilo

Redacción:
Begoña Fleitas
Diseño / Maquetación
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FOTOGRAFÍAS:
Chema Rey - MARCA
VÍDEOS:
Joseba Arroyo