P. Religión y deporte comparten aspectos como el sentimiento de pertenencia a la comunidad, la identidad, la devoción, incluso el fervor. ¿El seguidor de fútbol es como el creyente? ¿Tiene esa 'adhesión sentimental' que usted definió en su libro que es la fe?
R. El seguidor de fútbol auténtico, sí. Hay una película famosa donde se dice: "Se puede cambiar de todo... menos de equipo de fútbol". Esos son los seguidores religiosos, que son los buenos, los que sufren. Yo no soy un buen seguidor porque yo soy laico. Solo quiero divertirme, para sufrir ya tengo bastante con otras cosas. Yo veo fútbol para divertirme. El último Europeo lo seguí. Veo muy poco fútbol, sólo con mi hijo. Pero vi un partido de la selección española, mientras hacía otra cosa. Los vi jugar y dije: joder, esta gente juega muy bien. Yo no sabía que eran tan buenos porque a muchos no los sigo regularmente. Ya me enganché, vi casi todos los partidos de la selección y efectivamente juega muy bien. Yo soy un mal aficionado al fútbol porque el aficionado al fútbol tiene una adhesión sentimental, es casi una religión. Y sufre, claro, cuando su equipo pierde, pero luego disfruta muchísimo. Es una relación pasional.
P. También en su última obra habla de cómo pasó de ser un "chaval católico y amante de los deportes" a entregarse a hábitos menos saludables tras leer 'San Manuel Bueno, mártir'. ¿Le ha pasado algo parecido con el fútbol? ¿Se desengañó en algún momento?
R. Sí, yo esto lo escribí. Hice un artículo que se titulaba 'Contra el fútbol' y la semana siguiente escribí otro titulado 'A favor del fútbol'. Porque es verdad. A mí hay una cosa que no me gusta y es la ética que parece que se ha impuesto en el fútbol. Yo soy muy aficionado al tenis. Y el tenis es un deporte de verdad, hasta excesivo a veces. Cuando toca la pelota la red y entra en el campo contrario, los tenistas se piden disculpas. Yo he jugado al tenis y se hacía habitualmente, es una cosa como exagerada. Es como pedir disculpas por tirar al palo y que luego entre la pelota. Ha entrado la pelota, por tanto, es gol. Creo que esto en el fútbol habría que corregirlo. No quiero parecer cursi o pusilánime, pero no puede ser que se celebre que un jugador pegue patadas al otro, que haga trampas. A mí no me gusta. Y que jugadores como Casillas, Iniesta o Xavi, que eran señores que hacían las cosas como es debido y que alguna vez les habrán expulsado, pero no eran camorristas ni tramposos, sean excepciones. A mí eso me fastidia. Y un señor que le mete el dedo en el ojo a un entrenador contrario delante de millones y millones de personas, para mí no tenía que haber entrenado nunca más en un equipo de fútbol.
Eso no debería ocurrir, pero ocurre. El fútbol es como todas las cosas que tienen tanta potencia, como la ciencia, como la religión, que tienen una potencia desmesurada y con eso se puede hacer lo mejor y también lo peor. Yo cuento siempre la anécdota de Didier Drogba. El grandísimo Drogba, jugador del Chelsea,gana con Costa de Marfil por vez primera la Copa de África. Están eufóricos. Pero su país está en guerra civil. Y Drogba, que era el líder absoluto, les dice a sus compañeros, 'todos de rodillas, a exigir que se acabe la guerra. Esto se tiene que parar'. Y consiguieron que se parase. Toma ya. El Papa no es capaz de que se pare una guerra, pero Drogba y sus compañeros lo consiguieron. Los jugadores son ciudadanos. ¿Por qué no portarse bien en vez de portarse mal? ¿Y por qué tiene que imperar esa ética de la picaresca, la trampa y la suciedad? Esto es un deporte. Yo he hecho deporte y con el deporte se pueden hacer maravillas. Albert Camus decía: "Todo lo que sé sobre moral lo aprendí jugando al fútbol". Tenía toda la razón del mundo. ¿Y qué se aprende del fútbol? Dos cosas fundamentales, como con el deporte en general: el respeto a las reglas y el respeto al contrario. Si pierdes el respeto a las reglas y al contrario, ya no estás jugando al fútbol. A mí me gustaría que el fútbol volviera a ser un deporte de verdad.
P. En su libro, asegura: "Si no corro un día me pongo nervioso, si no corro dos días me pongo nerviosísimo, si no corro tres días me entran ganas de practicar el canibalismo". ¿Qué ha encontrado en el running y cómo llegó hasta él?
R. He encontrado una droga. Correr es una droga, como la literatura es una droga. Hay drogas saludables y otras menos saludables, pero es adicción pura. Yo voy a correr cada día. Esté donde esté, aunque esté en China, corro. He encontrado un placer inmenso. Y para mí es fundamental: para escribir, para vivir, para estar tranquilo.
El aficionado de fútbol auténtico es como el creyente. Esos son los seguidores religiosos, los buenos, los que sufren. Yo no soy un buen seguidor porque soy laico. Solo quiero divertirme
P. ¿Corre con música o es un momento para pensar en otras cosas?
R. Yo voy con el móvil para controlar el tiempo, porque yo corro 55 minutos al día, siempre, ni más ni menos. Entonces a veces, efectivamente, apunto frases, ideas, de todo. Sumar el placer de correr al placer de la música me parece excesivo. Para pensar es fantástico, es que simplemente es un placer inmenso. La gente se cree que los que corremos lo hacemos por disciplina, para guardar la línea, cosa que yo no hago... Lo hacemos por pura adicción, por puro placer. Es así de fácil, no tiene ningún mérito, todo lo contrario.
P. ¿Qué opinión tiene de las redes sociales como forma de comunicación?
R. Yo las redes sociales no las uso, las vigilo. Es inevitable saber de qué va. Es como cualquier otra forma de comunicación, como cualquier cosa. En sí mismo, no es ni bueno ni malo. Todo depende de cómo las usemos, como la televisión, la prensa, los libros... Está 'El Quijote', pero también está 'Mein Kampf', el libro de Hitler, ¿verdad? Entonces todo depende de nosotros. El problema de las redes sociales es que no tenemos un control sobre ellas, un control democrático. Pero se pueden usar para cosas buenísimas.
P. En su discurso de ingreso en la RAE hizo un símil entre la literatura -o la lectura- y el sexo. ¿Buscaba un titular o no se le ocurría otra manera de convencer a los que no son lectores?
R. Estaba intentando explicar exactamente qué es la literatura. Es todo mi propósito. La literatura es un placer, como el sexo, pero también es una forma de conocimiento, como el sexo. Por eso, cuando alguien me dice que no le gusta leer, lo único que se me ocurre es darle el pésame o acompañarle en el sentimiento. Es como alguien a quien no le gusta el sexo. Lo que estaba intentando era ser lo más preciso posible. Luego, sí, eso llamó la atención en los titulares, pero me da igual porque lo que pienso es eso exactamente. La literatura es una forma de vivir más, de una manera más rica, más intensa y más compleja. Eso también es el sexo.
Con el deporte se pueden hacer maravillas. El Papa no es capaz de que se pare una guerra, pero Drogba y sus compañeros lo consiguieron