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Nani Roma, en vez de Dakar, lo que pretende ahora es terminar su calvario. Olvidado ya el sueño de la victoria en El Cairo tras la repetida traición de un motor diseñado por el enemigo, Nani quiere al menos conjurar ese destino que siempre le ha impedido acabar esta carrera. Fue por eso que, aunque desconsolado, el jueves llegó al campamento de Dakhla con la cabeza alta y decidido a tomar la salida al día siguiente costara lo que costase. Sin objetivos ya, descartada la general y casi descartada también la lucha por alguna etapa ("para salir a ganar hay que estar concentrado y ahora no sé cómo estaré", comentaba tras pasar varias horas tirado en medio del frío del desierto), Nani volvió a tomar la salida ayer convencido de que debía lograr la única cosa que le queda por hacer, llegar a la meta. Muy pronto, sin embargo, descubrió que su camino hacia las Pirámides será el más largo que haya emprendido nunca. A 18 kilómetros de la salida de la especial su moto volvió a pararse, como tocada por una maldición. Nani se puso rápidamente a trabajar, lo miró todo y lo desmontó todo, pero no pudo descubrir el porqué del silencio de su motor. Tres horas y media de interminable tiempo tuvieron que transcurrir hasta que llegó el camión de asistencia enviado en su ayuda y sólo entonces Nani Roma descubrió la trampa: se había soltado el cable de la bujía. Por una vez, una avería tonta, pero oculta. La moto volvió a arrancar y, aunque fallando de nuevo la carburación, pudo regresar al campamento con el mismo rostro que 24 horas antes: el ganador moral del Dakar 2000 llegaba el último por segundo día consecutivo, pero llegaba. Lo fácil hubiera sido prenderle fuego a la moto y olvidarse definitivamente de este maleficio, pero Nani quiere ganar un día el Dakar y, para eso, primero va a acabarlo. Como hacen los campeones. |
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