JACINTO VIDARTE
"TSO reafirma su confianza en las medidas tomadas
por las autoridades marroquies para garantizar la
seguridad del Rally París-Dakar en la séptima
etapa. En cualquier caso, si en los próximos días
la situación evolucionara, TSO está dispuesta a tomar
cualquier medida para neutralizar o mofidificar esta
etapa". Con tan escueto comunicado, la dirección del
Dakar salió al paso del último incidente protagonizado
por los simpatizantes de la causa saharahui en Castellón.
Lo cierto es que el rallye más duro del mundo, un
año más, sigue amenazado. Nadie se atreve a hacer
una previsión sobre la capacidad operativa de los
saharahuis en el desierto, pero no puede descartarse
una nueva neutralización tras la sufrida el año pasado
en el Teneré. En tal caso, la única posibilidad de
darle continuidad a la carrera sería embarcar la caravana
del Dakar al sur de Marruecos para ir por mar hasta
Nouakchott, en Mauritania, y proseguir desde allí
la carrera tras evitar el territorio del Sáhara occidental.
Pero si eso llega a suceder es que Marruecos habrá
perdido el control de los acontecimientos, con lo
que eso supone de amenaza para la supervivencia de
la carrera: el camino entre París y Dakar habrá quedado
definitivamente cerrado, porque, con Argelia impracticable,
ya no queda ningún otro camino libre hacia el Lago
Rosa.
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