Ser equipo revelación
ya se queda pequeño
JOSÉ LUIS MARTÍNEZ, DAVID PECKER y EDUARDO SCHELL.
Madrid
El Gran Canaria está acostumbrado a los milagros. Cada
año hace uno. Así se podría calificar el
hecho de que sea un fijo en los playoffs. En las dos
últimas campañas lo han logrado. Y eso que cada
verano pierde a sus mejores efectivos. Pero los canarios tienen
un sexto sentido para eso de los fichajes. Los que vienen, aunque
sea complicado, suelen superar lo que se va. Con esas sensaciones
y un traje de equipo revelación que le va quedando pequeño
se presentó la expedición amarilla en Marca, donde
disfrutaron de una mañana de radio, internet y muchas fotos.
El ambiente en el equipo es excepcional. Incluso entre los recién
llegados. Destaca la enorme presencia de Sitapha Savane. Algo
más de 200 centímetros de músculo color ébano
y coronados con un cerebro prodigioso. El pívot, como David
Robinson, estuvo en la Marina estadounidense, domina cinco idiomas,
es muy culto y le encanta conversar. Habla tanto que en las comidas
siempre acaba el último. Y si algún día esto
del basket le da la espalda siempre podrá volver a su Senegal
natal, donde su padre ejerce de ministro.
Más desapercibidos pasaron otros de los fichajes. Tal vez
por su carácter introvertido y sus dificultades con el
castellano. Udoka y Will McDonald apenas lo hablan. Este último,
que adora a su niño de un año, trata de integrarse
en la vida de la isla de la mano de sus compatriotas Moran y Klein,
que son como Zipi y Zape. Son inseparables. Se bromea
diciendo que hasta son pareja de hecho.
Ellos son de los más veteranos y les toca hacer grupo.
Uno de sus métodos es dejarse caer con el resto de la plantilla
por el sur de Gran Canaria, donde hay un ambiente más anglosajón.
Sin embargo, su estrategia favorita es hacer barbacoas en casa
de Klein. La mayoría de los integrantes del equipo -siete
de los doce- están solteros, residen en la misma urbanización
y suelen celebrar comilonas. Los vecinos han salido
a pedir silencio más de una vez, pero cuando ven que sus
ilustres vecinos son media plantilla del Gran Canaria hacen la
vista gorda.
En esa rutina está entrando poco a poco Lampropoulos, otro
de los refuerzos. Los compañeros se ceban con él
porque no habla castellano y, aprovechando su desconocimiento,
le hacen decir algún taco engañándole con
su significado real. Él, escarmentado, va a dar una hora
de español al día.
La veteranía entre los españoles la pone Roberto
Guerra y eso que sólo tiene 21 años. Su pasión
son los coches. De momento tiene un Golf GTI, pero es un fanático
de las revistas de motor y está meditando comprarse un
Toyota. Si le dan una buena prima por meterse en los playoffs...
Total, parece que los canarios están abonados.